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TEXTO DIARIO, De hoy Sábado 8 de enero del 2022

Examinemos las Escrituras todos los días 2022

Sábado 8 de enero del 2022

Enséñame tus normas (Sal. 119:68).

Puede ser que un buen estudiante aprenda cuáles son las leyes de Dios e incluso llegue a admirarlas. Pero ¿obedecerá a Jehová porque ha llegado a amarlo? Recordemos el caso de Eva. Ella conocía la ley de Dios, pero no sentía verdadero amor por él. Y lo mismo se puede decir de Adán (Gén. 3:1-6). Así que no debemos limitarnos a enseñar las justas normas y leyes de Dios. Las normas y leyes divinas son atrayentes y nos benefician (Sal. 119:97, 111, 112). Pero el estudiante no las verá del mismo modo a menos que comprenda que Jehová las ha dado porque nos ama. Así que podríamos preguntarle: “¿Por qué crees que Dios nos pide que hagamos o no hagamos esto? ¿Qué te enseña eso sobre él?”. Si lo ayudamos a pensar en Jehová y a amar de verdad su glorioso nombre, es más probable que le lleguemos al corazón. Así no solo amará sus leyes, sino que también lo amará a él. Su fe se hará más fuerte y podrá resistir pruebas muy difíciles (1 Cor. 3:12-15). w20.06 10 párrs. 10, 11

¿Cómo puede protegernos el temor de Dios si vemos imágenes provocativas?

Por ejemplo, ¿Qué hacemos si vemos en la televisión o en Internet una imagen o película que pudiera despertar en nosotros deseos inmorales? Sería fácil justificarnos pensando que, estrictamente hablando, no es pornografía. Pero ¿podría estar Satanás valiéndose de ello para dividirnos el corazón? (2 Cor. 2:11). Esto puede compararse a la cuña que alguien usa para partir un trozo de madera. Tal vez empiece introduciendo el delgado filo de la cuña en la madera. Y, a medida que la va hundiendo, la madera va partiéndose. Las imágenes provocativas pueden ser como el delgado filo de la cuña. Al principio quizás parezcan algo pequeño e inofensivo, pero rápidamente pueden dividir nuestro corazón y llevarnos a cometer pecados que quebranten nuestra integridad. Por tal razón, no permitamos que nada inapropiado entre en nuestro corazón. Asegurémonos de que siempre esté unido y tema el nombre de Jehová.

¿Qué preguntas debemos hacernos cuando estemos ante una tentación?

Además de imágenes provocativas, Satanás nos pone muchas otras tentaciones para que pequemos. ¿Cómo reaccionamos? Sería fácil justificarnos pensando algo como: “Al fin y al cabo, no me van a expulsar por hacer esto, así que no será tan grave”. Esa forma de pensar es totalmente errónea. Es mejor que nos hagamos preguntas como las siguientes: “¿Está Satanás usando esta tentación para dividir mi corazón? Si me dejo llevar por malos deseos, ¿mancharé el nombre de Jehová? ¿Me acercará esto más a mi Dios, o me alejará de él?”. Reflexionemos en estas preguntas. Pidámosle sabiduría a Jehová para responderlas sinceramente, sin engañarnos (Sant. 1:5). Esto será una verdadera protección. Nos ayudará a rechazar la tentación de plano, igual que Jesús cuando dijo: “¡Vete, Satanás!” (Mat. 4:10).

Explique con un ejemplo por qué tener un corazón dividido no nos hace ningún bien.

Tener un corazón dividido no nos hace ningún bien. Imaginemos que los miembros de un equipo deportivo se llevan mal entre sí. Unos quieren toda la gloria para ellos, otros no quieren seguir las reglas y otros no respetan al entrenador. Es poco probable que un equipo así gane un partido. Le iría mucho mejor a un equipo que estuviera unido. Nuestro corazón será como este segundo equipo si nuestros pensamientos, deseos y emociones están “unidos” en el servicio a Jehová. Recordemos que a Satanás le encantaría dividir nuestro corazón. Quiere que tengamos una lucha interna entre lo que sabemos que Jehová desea que hagamos y nuestros malos deseos. Si queremos servir a Jehová, tiene que ser con el corazón completo (Mat. 22:36-38). Jamás permitamos que Satanás nos divida el corazón.

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