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TEXTO DIARIO, De hoy Viernes 30 de julio del 2021

Examinemos las Escrituras todos los días 2021

Viernes 30 de julio del 2021

Jehová se compadeció de Ana (1 Sam. 2:21).

La causa de la angustia de Ana no desapareció enseguida. Siguió viviendo bajo el mismo techo que Peniná. Y la Biblia no dice que la actitud de esta mujer cambiara. Así que es probable que Ana tuviera que seguir soportando los comentarios hirientes de su rival. Pero logró recuperar y mantener la paz interior. No volvió a sentirse angustiada después de dejar el problema en manos de Jehová. Permitió que él la consolara y tranquilizara. Y algún tiempo después Jehová respondió su oración y ella tuvo hijos (1 Sam. 1:2, 6, 7, 17-20). Podemos recuperar la paz aunque la causa de nuestra angustia no desaparezca. Algunos problemas quizás persistan aunque oremos intensamente y vayamos siempre a las reuniones. Pero el caso de Ana nos enseña que nada puede impedir que Jehová tranquilice nuestro atribulado corazón. Él no nos olvidará jamás, y tarde o temprano recompensará nuestra fidelidad (Heb. 11:6). w20.02 22 párrs. 9, 10

¿Qué nos enseñan sobre la oración el ejemplo de Ana y las palabras de Filipenses 4:6, 7?

Podemos recuperar la paz si perseveramos en la oración. Ana pasó mucho tiempo hablando con su Padre celestial (1 Sam. 1:12). Nosotros también podemos hablarle largo y tendido de nuestras preocupaciones, nuestros temores y nuestros errores. Las oraciones no tienen que ser poéticas ni tener una estructura perfecta. Puede que hasta nos expresemos con amargura y sollocemos. Pero Jehová nunca se cansará de escucharnos. Además de hablarle sobre nuestras dificultades, debemos recordar los consejos que hallamos en Filipenses 4:6, 7 (léalo). Allí Pablo dijo específicamente que debemos darle gracias a Dios al orar. Tenemos muchísimos motivos para hacerlo, entre ellos el regalo de la vida, sus creaciones, su amor leal y la maravillosa esperanza que nos ha dado. ¿Qué más aprendemos del ejemplo de Ana?

¿Qué hacían siempre Ana y su esposo?

A pesar de sus penas, Ana siempre acompañaba a su esposo al lugar donde se adoraba a Jehová, en Siló (1 Sam. 1:1-5). Fue allí, en el tabernáculo, donde el sumo sacerdote Elí la animó diciéndole que esperaba que Jehová le contestara su oración (1 Sam. 1:9, 17).

Explique cómo pueden ayudarnos las reuniones.

Podemos recuperar la paz si seguimos yendo a las reuniones. Por lo general, en la oración de inicio de las reuniones se le pide a Jehová que su espíritu esté con nosotros. Y la paz es parte del fruto de ese espíritu (Gál. 5:22). Si vamos a las reuniones aunque estemos angustiados, les damos a Jehová y a nuestros hermanos la oportunidad de animarnos y ayudarnos a volver a sentir paz. La oración y las reuniones son dos medios importantes que utiliza Dios para tranquilizarnos (Heb. 10:24, 25). Veamos otra lección que nos enseña el caso de Ana.

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