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Examinando las Escrituras diariamente 2020

 

 

Viernes 9 de octubre del 2020

El hombre dejará a su padre y a su madre, y tiene que adherirse a su esposa, y tienen que llegar a ser una sola carne (Gén. 2:24).

El pecado de Adán trajo muchos cambios. Uno de ellos fue la muerte, que afectaría al matrimonio. Lo señaló el apóstol Pablo cuando explicó que los cristianos no deben seguir la Ley mosaica. Reveló que la muerte pone fin al matrimonio y que el cónyuge vivo puede volver a casarse (Rom. 7:1-3). En la Ley que Jehová le dio a la nación de Israel, hallamos algunos detalles sobre el matrimonio. Veamos uno de ellos. La Ley permitía que el hombre tuviera más de una esposa, una práctica que se conoce como poligamia y que ya existía antes de que Dios le diera la Ley a Israel. Lo que Jehová hizo fue regular esta práctica para que no hubiera abusos. Por ejemplo, si un israelita se casaba con una esclava y luego tomaba otra esposa, tenía que seguir dándole a la primera comida, ropa y el débito conyugal. Dios mandaba que la protegiera y la cuidara (Éx. 21:9, 10). Nosotros no estamos bajo la Ley, pero en ella vemos el interés de Dios en el matrimonio. Sin duda, esto nos ayuda a valorarlo igual que él. w18.12 10 párr. 3; 11 párrs. 5, 6.




Según Deuteronomio 24:1, ¿qué permitía la Ley? y ¿Cómo ve Jehová el divorcio?

¿Qué decía sobre el divorcio la Ley? Aunque Dios seguía viendo igual de valioso el matrimonio, permitió que los israelitas se divorciaran (lea Deuteronomio 24:1). El divorcio se permitía si el esposo hallaba “algo indecente de parte de ella”. ¿Qué se consideraba “indecente”? La Ley no lo decía. Pero debía ser algo vergonzoso o grave, no algo sin importancia (Deut. 23:14). Lamentablemente, en los días de Jesús muchos judíos ponían cualquier excusa para divorciarse (Mat. 19:3). Desde luego, no queremos ser como ellos.

En tiempos del profeta Malaquías, era muy común que los hombres traicionaran a su esposa divorciándose de ella, quizá para luego casarse con una mujer más joven que no adoraba a Dios. Malaquías indicó lo que pensaba Jehová al respecto. Escribió: “Él ha odiado un divorciarse” (Mal. 2:14-16). Esto concordaba con lo que dice la Palabra de Dios sobre el primer matrimonio: que el hombre “tiene que adherirse a su esposa, y tienen que llegar a ser una sola carne” (Gén. 2:24). Jesús demostró su apoyo a lo que su Padre pensaba al decir: “Lo que Dios ha unido bajo un yugo, no lo separe ningún hombre” (Mat. 19:6).

Cómo reaccionó Jehová cuando Israel le fue infiel

Las naciones de Israel y Judá fueron infieles a Jehová. Se aliaron con naciones paganas y adoraron dioses falsos. Dios las condenó por cometer “adulterio con piedras y con árboles” (Jer. 2:13, 20; 3:1-3, 9; compare con Ezequiel 16:28; Santiago 4:4). Como no cambiaron y siguieron comportándose como “una esposa que comete prostitución”, Jehová tomó una decisión. Dijo: “Cuando llegué a ver eso, por la mismísima razón de que la infiel Israel había cometido adulterio, la despedí y procedí a darle el certificado de su pleno divorcio” (Jer. 3:6-8).

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