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Estudio De La Atalaya 14-20 Septiembre Respuestas Subrayadas.

1. ¿Qué reconoció con sinceridad el apóstol Pablo?

EL APÓSTOL PABLO reconoció con sinceridad que a veces se sentía débil. Dijo que su cuerpo iba “desgastándose”, que luchaba por hacer lo que es correcto y que Jehová no siempre respondía sus oraciones como él esperaba (2 Cor. 4:16; 12:7-9; Rom. 7:21-23). También admitió que sus enemigos afirmaban que tenía un aspecto débil. * Pero no permitió que las opiniones negativas de los demás ni sus propias debilidades le hicieran sentir que no servía para nada (2 Cor. 10:10-12, 17, 18).

2. De acuerdo con 2 Corintios 12:9, 10, ¿qué valiosa lección aprendió Pablo?

Pablo aprendió una lección muy valiosa: que una persona puede sentir que es débil pero en realidad ser muy fuerte (lea 2 Corintios 12:9, 10). Cuando Jehová le dijo a Pablo “mi poder se demuestra plenamente en la debilidad”, quería decir que le daría las fuerzas que le faltaban. En primer lugar, veamos por qué no nos debe preocupar demasiado que los enemigos nos insulten.

ALEGRÉMONOS AL “RECIBIR INSULTOS”

3. ¿Por qué podemos alegrarnos al “recibir insultos”?

A nadie le gusta que lo insulten. Pero, si nos preocupamos demasiado cuando los enemigos nos insultan, podemos desanimarnos (Prov. 24:10). Entonces, ¿cómo debemos ver sus ataques? Podemos hacer como Pablo y  alegrarnos al “recibir insultos” (2 Cor. 12:10). ¿Por qué? Porque los insultos y la oposición son prueba de que somos verdaderos discípulos de Cristo (1 Ped. 4:14). Jesús dijo que sus seguidores sufrirían persecución (Juan 15:18-20). Y eso fue lo que pasó en el siglo primero. Por ejemplo, para los que se habían dejado influir por la cultura griega, los cristianos eran ignorantes e inferiores. Y para los judíos eran “hombres comunes y con poca educación”, como dijeron de los apóstoles Pedro y Juan (Hech. 4:13). Muchos pensaban que los cristianos eran débiles, pues no tenían influencia política ni poder militar, y la sociedad los despreciaba.

4. ¿Cómo reaccionaron los primeros cristianos ante las opiniones negativas de sus enemigos?

Los primeros cristianos no permitieron que las opiniones negativas de sus enemigos los detuvieran. Por ejemplo, para los apóstoles Pedro y Juan era un honor que los persiguieran por ser discípulos de Jesús y por hablar a otros de sus enseñanzas (Hech. 4:18-21; 5:27-29, 40-42). Los cristianos del siglo primero no tenían motivos para sentirse avergonzados. Al fin y al cabo, aquellos humildes discípulos le hicieron un mayor bien a la humanidad que cualquiera de sus enemigos. Como botón de muestra, los libros que algunos de ellos escribieron por inspiración divina siguen brindándoles ayuda y esperanza a millones de personas. Y el Reino que predicaban no solo es una realidad en nuestros días, sino que pronto gobernará a toda la humanidad (Mat. 24:14). En cambio, la poderosa potencia política que los persiguió ha quedado enterrada en las cenizas de la historia. Además, aquellos discípulos leales hoy son reyes en el cielo. Pero sus enemigos están muertos; y, si acaso resucitan, los gobernará el Reino que predicaban los cristianos a quienes odiaban (Apoc. 5:10).

5. Según Juan 15:19, ¿por qué nos desprecia la gente del mundo?

Hoy día, también hay personas que nos desprecian, se burlan de nosotros y nos consideran ignorantes e inferiores. ¿Por qué? Porque no tenemos la misma actitud que la gente que nos rodea. El mundo admira a los que son orgullosos, arrogantes y rebeldes. Pero nosotros nos esforzamos por ser humildes, apacibles y obedientes. Además, no nos metemos en política ni nos alistamos en el ejército de ningún país. Como nos negamos a encajar en el molde de este mundo, se nos considera inferiores.

6. ¿Qué cosas extraordinarias está logrando Jehová mediante nosotros?

Pese a lo que el mundo opina de nosotros, Jehová está usándonos para lograr cosas extraordinarias. Por ejemplo, está llevando a cabo la mayor campaña de predicación de la historia. Sus siervos publicamos las revistas más traducidas y distribuidas del mundo, y usamos la Biblia para ayudar a millones de personas a mejorar sus vidas. Y todo es gracias a Jehová, que se vale de un grupo de personas que parecen débiles para alcanzar estos impresionantes logros. Ahora bien, ¿qué hay de cada uno de nosotros? ¿Puede ayudarnos Jehová a ser fuertes? Y, en tal caso, ¿qué debemos hacer para conseguir su ayuda? Veamos tres cosas que aprendemos del ejemplo del apóstol Pablo.

NO CONFIEMOS EN NUESTRAS PROPIAS FUERZAS

7. ¿Cuál es la primera lección que aprendemos del ejemplo de Pablo?

La primera lección que aprendemos del ejemplo de Pablo es que al servir a Jehová no debemos confiar en nuestras propias fuerzas o capacidades. Desde el punto de vista humano, Pablo tenía razones para ser un hombre orgulloso y muy seguro de sí mismo. Se crio en Tarso, que era la capital de una provincia romana, una ciudad próspera y un importante centro intelectual. Pablo contaba con una buena educación, pues su maestro había sido Gamaliel, uno de los líderes judíos más respetados de la época (Hech. 5:34; 22:3). Y, en algún momento, llegó a tener cierta influencia en la comunidad judía. Dijo: “Estaba progresando en el judaísmo más que muchos de mi nación que tenían mi edad” (Gál. 1:13, 14; Hech. 26:4). Pero todo eso no hizo que confiara en sí mismo.

8. a) Según Filipenses 3:8, ¿qué pensaba Pablo de las cosas a las que había renunciado? b) ¿Por qué dijo Pablo que se alegraba de tener debilidades?

a). Pablo renunció de buena gana a las cosas que lo hacían poderoso desde el punto de vista de este mundo. De hecho, llegó a decir que aquellas aparentes ventajas eran “un montón de basura” (lea Filipenses 3:8). Eso sí, tuvo que pagar un precio por hacerse seguidor de Cristo. Su propia nación lo llegó a odiar (Hech. 23:12-14). Y los romanos, que eran sus conciudadanos, lo golpearon y lo metieron en la prisión (Hech. 16:19-24, 37). Además, le dolía mucho ser consciente de sus propias limitaciones (Rom. 7:21-25). Pero nunca permitió que sus enemigos o sus debilidades lo detuvieran. Más bien, dijo: “Me alegra tener debilidades”. ¿Por qué? b). Porque cuando se sentía débil era cuando veía cómo lo ayudaba el poder de Dios (2 Cor. 4:7; 12:10).

ILUSTRACIÓN

El apóstol Pablo sale de una casa solo con un bolso y un bastón. Deja atrás muchos objetos personales.

Pablo llegó a ver las aparentes ventajas del mundo como “un montón de basura” en comparación con el honor de seguir a Cristo. 

9. ¿Cómo debemos ver cualquier supuesta desventaja que tengamos?

Si queremos que Jehová nos conceda  su poder, no debemos pensar que nuestra valía personal depende de nuestra fuerza física, educación, cultura o posesiones materiales. Esto no es lo que nos hace útiles a los ojos de Jehová. De hecho, en el pueblo de Dios “no hay muchos sabios desde el punto de vista humano ni muchos poderosos ni tampoco muchos de nacimiento noble”. Más bien, Jehová ha decidido usar “las cosas débiles del mundo” (1 Cor. 1:26, 27). Por tanto, no veamos cualquier supuesta desventaja como un obstáculo para servir a Dios, sino como una oportunidad para ver cómo nos ayuda con su poder. Por ejemplo, si alguien intenta hacernos dudar de nuestras creencias y nos sentimos intimidados, pidamos en oración valor para defender nuestra fe (Efes. 6:19, 20). O, si estamos luchando con algún tipo de enfermedad crónica, pidámosle a Jehová fuerzas para seguir haciendo todo lo que podamos en su servicio. Cada vez que sentimos su ayuda, nuestra fe aumenta y nos hacemos más fuertes.

APRENDAMOS LECCIONES DE LOS PERSONAJES BÍBLICOS

10. ¿Por qué debemos analizar el ejemplo de personajes bíblicos fieles como los mencionados en Hebreos 11:32-34?

Pablo tenía la costumbre de estudiar las Escrituras. Gracias a eso, podemos conseguir mucho conocimiento, pero también aprendemos muchas lecciones de los siervos fieles de Jehová sobre los que leía. En la carta que les escribió a los cristianos hebreos, Pablo los animó a fijarse en el ejemplo de esos siervos fieles (lea Hebreos 11:32-34). Pensemos en uno de ellos, el rey David. Él se tuvo que enfrentar a la oposición de sus enemigos, pero también a la de algunos que habían sido sus amigos. Analicemos más de cerca el ejemplo de David. Así veremos cuánto debió de ayudar a Pablo meditar en la vida de David y cómo podemos imitar a Pablo.

11. ¿Por qué parecía que David era débil? (Vea el dibujo de la portada).

Cuando el poderoso guerrero Goliat vio a David, le pareció tan débil que “empezó a burlarse de él con desprecio”. A fin de cuentas, Goliat era mucho más grande y estaba mejor equipado y entrenado para la guerra. David no era más que un joven inexperto que no parecía estar listo para la batalla, pero confiaba en el poder de Jehová. Como resultado, lo que parecía ser una debilidad terminó siendo una ventaja, y al final derrotó a su enemigo (1 Sam. 17:41-45, 50).

ILUSTRACIÓN

Goliat en el suelo bocabajo con una piedra hundida en la frente. David, junto a Goliat, lleva la honda en una mano y levanta la otra para alabar a Jehová.

Cuando David se enfrentó a Goliat, confió en Jehová, y lo que parecía ser una desventaja se convirtió en una oportunidad para ver el poder de Dios en acción.

12. ¿A qué otro problema se enfrentó David?

David se enfrentó a otro problema que pudo haberlo hecho sentirse débil e indefenso. Él era un siervo leal de Saúl, el rey que Jehová había nombrado en Israel. Al principio, Saúl lo respetaba. Pero, con el tiempo, el orgullo hizo que le tuviera envidia a David. Empezó a tratarlo mal y hasta intentó matarlo (1 Sam. 18:6-9, 29; 19:9-11).

13. ¿Cómo reaccionó David al trato injusto del rey Saúl?

Aunque Saúl lo trataba de manera injusta, David no le perdió el respeto, pues sabía que era el rey que Jehová había nombrado (1 Sam. 24:6). Tampoco culpó a Dios por las cosas malas que hizo Saúl. Al contrario, confió en que Jehová le daría las fuerzas para soportar esta prueba tan difícil (Sal. 18:1 y encabezamiento).

14. ¿A qué situación parecida a la de David le hizo frente el apóstol Pablo?

El apóstol Pablo le hizo frente a una situación parecida a la de David. Tenía enemigos muchísimo más poderosos que él. Estaba rodeado de líderes influyentes que lo odiaban y que en muchas ocasiones lo mandaron golpear y lo metieron en prisión. Al igual que David, sufrió el maltrato de quienes debieron ser sus amigos. Incluso algunos en la congregación cristiana se pusieron en contra de él (2 Cor. 12:11; Filip. 3:18). Pero nunca se dejó vencer por sus enemigos. Siguió predicando a pesar de la oposición. Fue leal a sus hermanos incluso cuando estos lo decepcionaron. Y, por encima de todo, le fue fiel a Dios hasta el fin de sus días (2 Tim. 4:8). Aunque tenía tanto en su contra, salió victorioso porque confió en Jehová y no en sus propias fuerzas.

15. ¿Cuál es nuestro objetivo, y cómo podemos lograrlo?

¿Tenemos que soportar insultos o persecución de compañeros de clase o de trabajo, o de familiares no Testigos? ¿Alguna vez nos ha tratado mal alguien en la congregación? Si es así, recordemos los ejemplos de David y Pablo. Sigamos “venciendo el mal con el bien” (Rom. 12:21). Claro, nuestro objetivo no es incrustarle a alguien una piedra en la frente, como hizo David, sino usar la Palabra de Dios para llegar a la mente y el corazón de quienes tengan una buena actitud. ¿Cómo podemos lograrlo?. Y lo logramos empleando la Biblia para responder a las preguntas de las personas, mostrando bondad y respeto a quienes nos tratan mal, y haciéndole el bien a todo el mundo, incluso a nuestros enemigos (Mat. 5:44; 1 Ped. 3:15-17).

ILUSTRACIÓN

En el lugar de trabajo de un hermano, un compañero lo presiona para que participe en una fiesta de cumpleaños. El hermano rechaza amablemente la invitación.

Respondamos con bondad y respeto cuando otros cuestionen nuestras creencias cristianas.

ACEPTEMOS LA AYUDA DE LOS DEMÁ

16, 17. ¿Qué no olvidó nunca Pablo?

Antes de hacerse discípulo de Cristo, el apóstol Pablo —conocido entonces como Saulo— era un joven insolente que perseguía a los seguidores de Jesús (Hech. 7:58; 1 Tim. 1:13). Pero el propio  Jesús le habló desde el cielo, lo dejó ciego y le impidió que siguiera atacando a la congregación. Para recuperar la vista, Pablo tuvo que recurrir a las mismas personas a las que había perseguido. Fue humilde y aceptó la ayuda de un discípulo llamado Ananías, quien le devolvió la vista (Hech. 9:3-9, 17, 18).

Tiempo después, Pablo llegó a ser un miembro importante de la congregación cristiana, pero nunca olvidó la lección que Jesús le enseñó cuando le habló desde el cielo en el camino a Damasco. Mantuvo una actitud humilde y aceptó de buena gana que lo ayudaran sus hermanos y hermanas. Reconoció que ellos lo habían ayudado y fortalecido mucho (Col. 4:10, 11, nota).

18. ¿Por qué se nos puede hacer difícil aceptar que otros nos ayuden?

¿Qué nos enseña el ejemplo de Pablo? Cuando empezamos a estudiar la Biblia, tal vez aceptábamos con gusto que otros nos ayudaran, pues comprendíamos que en sentido espiritual éramos como niños y teníamos mucho que aprender (1 Cor. 3:1, 2). Pero ¿y ahora? Si llevamos años sirviendo a Jehová y tenemos mucha experiencia, quizás no estemos tan dispuestos a aceptar ayuda, sobre todo si nos la ofrece alguien que no lleva tanto tiempo en la verdad. Sin embargo, Jehová se vale a menudo de hermanos y hermanas para fortalecernos (Rom. 1:11, 12). Esta es una realidad que debemos asumir si queremos beneficiarnos del poder que nos da Jehová.

19. ¿Por qué alcanzó Pablo algunos logros extraordinarios?

Una vez que se hizo cristiano, Pablo alcanzó algunos logros extraordinarios. ¿Por qué? Porque entendió que el secreto del éxito no está en la fuerza física, la educación, las riquezas o la posición social, sino en la humildad y la confianza en Jehová. Por eso, hagamos como Pablo: confiemos en Jehová, aprendamos lecciones de los personajes bíblicos y aceptemos la ayuda de nuestros hermanos. Entonces, aunque nos sintamos débiles, Jehová nos hará fuertes.

¿QUÉ RESPONDERÍA?

¿En qué sentido podemos alegrarnos al “recibir insultos”?

Debemos alegrarnos porque se estarán cumpliendo en nosotros las palabras que se encuentran registradas en 1 Pedro 4:14 donde dice que “el espíritu de Dios, descansa sobre aquellos a quienes los están insultando por el nombre de Cristo”. Esto significa que recibir insultos u oposición demuestra que somos verdaderos discípulos de Cristo.

¿Por qué no nos debe preocupar demasiado lo que el mundo piense de nosotros?

Porque como no somos parte de este mundo nos interesamos más en lo que piensa Jehová de nosotros. También porque si nos preocupamos demasiado por esto podemos llegar a desanimarnos. Más bien debemos de ser sabios y controlar nuestras emociones y nuestra lengua, y así nosotros controlaremos la situación en vez de que la situación nos controle a nosotros.

Como Pablo, ¿qué tres cosas debemos hacer para beneficiarnos del poder de Jehová?

1) No debemos confiar en nuestras propias fuerzas, más bien debemos confiar en Jehová. 

2) También podemos aprender valiosas lecciones de personajes bíblicos de la antigüedad y 

3) aceptar la ayuda que nuestros hermanos de congregación nos den, independientemente de si llevan mucho o poco tiempo en la verdad. Haciendo esto aunque nos sintamos débiles, Jehová nos hará fuertes.

3 comentarios en «Estudio De La Atalaya, Semana del 14 al 20 de Septiembre del 2020, “Cuando soy débil, entonces soy poderoso”, Respuestas Subrayadas.»
  1. Fabuloso 😃, gracias estuvo de maravilla, todo gracias por los comentarios y reflexiones a y también la Atalaya subrayada, me dieron gran ayuda, para que yo también pueda realizar mi propio comentario personal.Jehova los bendiga, Amén 💞😘💙💕💞💙💕💞 c

  2. Por qué no nos debe preocupar demasiado lo que el mundo piense de nosotros? Porque los cristianos verdaderos no estamos para agradar al mundo en que vivimos ya que somos residentes temporales de este sistema. Estamos para agradarle al Dios Todo Poderoso Jehova. Nuestra habla y conducta intachable es la que dir`a que clase de persona somos

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