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Estudio De La Atalaya, 13-19 de septiembre 2021, Fomentemos la paz, y no las competencias, Respuestas Subrayadas.

1. ¿A qué puede llevar el espíritu competitivo?

En este mundo, muchas personas están dispuestas a hacer lo que sea con tal de parecer mejores que los demás. Por ejemplo, un hombre de negocios tal vez recurra a tácticas despiadadas para ponerse por encima de sus rivales. Puede que un deportista lesione a propósito a un jugador contrario a fin de ganar. O tal vez un estudiante que está compitiendo por una plaza en una universidad importante haga trampas en los exámenes de admisión. Los cristianos sabemos que todo esto está mal, pues forma parte de “las obras de la carne” (Gál. 5:19-21). Pero ¿puede ser que algunos siervos de Jehová estén fomentando competencias en la congregación sin ni siquiera darse cuenta? Es importante responder a esta pregunta, porque esto puede afectar la unidad de nuestra hermandad.

2. ¿Qué veremos en este artículo?

En este artículo, hablaremos de qué defectos nos pueden llevar a querer parecer mejores que nuestros hermanos. También analizaremos los ejemplos de varios siervos fieles de tiempos bíblicos que no se dejaron llevar por este espíritu. Pero primero debemos hacernos un autoexamen. Veamos cómo.

HAGÁMONOS UN AUTOEXAMEN

3. ¿Qué preguntas debemos hacernos?

Es buena idea analizarnos cada cierto tiempo. Podemos preguntarnos: “¿Necesito compararme con otros para así sentirme bien conmigo mismo? ¿Qué me impulsa a trabajar en la congregación? ¿Es un deseo de ser mejor que los demás o, al menos, mejor que cierto hermano o hermana? ¿O es sencillamente mi deseo de darle lo  mejor a Jehová?”. ¿Por qué es importante responder estas preguntas? Veamos lo que dice la Biblia.

4. ¿Por qué no debemos compararnos con los demás, como dice Gálatas 6:3, 4?

La Biblia nos dice que no nos comparemos con los demás (lea Gálatas 6:3, 4). ¿Por qué? Porque, si al compararnos con otros nos sentimos superiores, nos podemos volver orgullosos. Y, si nos sentimos inferiores, nos podemos desanimar. Ninguna de las dos opciones refleja buen juicio (Rom. 12:3). Una hermana de Grecia llamada Katerina * dice: “Tenía la costumbre de compararme con otras hermanas que parecían más bonitas, más hábiles en el ministerio y más amigables. Eso me hacía sentir que no valía para nada”. Recordemos que Jehová no nos trajo a él por nuestra belleza, facilidad de palabra o popularidad, sino porque estamos dispuestos a amarlo y a escuchar a su Hijo (Juan 6:44; 1 Cor. 1:26-31).

5. ¿Qué aprende usted de lo que le pasó a un hermano llamado Hyun?

También podemos preguntarnos: “¿Me ven los demás como alguien que siempre busca la paz, o me meto en conflictos con otros cada dos por tres?”. Veamos el caso de un hermano llamado Hyun, que vive en Corea del Sur. Hubo un tiempo en el que él veía como rivales a quienes tenían privilegios en la congregación. Él cuenta: “Los criticaba y casi nunca estaba de acuerdo con lo que decían”. ¿Cuál fue el resultado? Admite: “Mi actitud provocó divisiones en la congregación”. Varios amigos suyos lo ayudaron a ver que tenía un problema. Hyun hizo los cambios necesarios, y hoy es un anciano muy bueno. ¿Qué aprendemos? Que debemos tomar medidas si notamos que tenemos la tendencia a fomentar competencias en vez de a buscar la paz.

NO SEAMOS EGOCÉNTRICOS NI ENVIDIOSOS

6. Según Gálatas 5:26, ¿Qué defectos pueden llevarnos a manifestar un espíritu de competencia?

(Lea Gálatas 5:26). ¿Qué defectos pueden llevarnos a manifestar un espíritu de competencia? Uno es el  egocentrismo. La persona egocéntrica es orgullosa y egoísta. Otro defecto es la envidia. El envidioso no solo desea lo que otra persona tiene, sino que también desea que esa persona no lo tenga. Así pues, tenerle envidia a alguien implica odiarlo. Sin duda, queremos huir de estos defectos como si fueran la peste.

7. ¿Qué ejemplo nos ayuda a entender los daños que provocan el egocentrismo y la envidia?

El egocentrismo y la envidia se parecen a las impurezas que ensucian el combustible de un avión. Puede que el avión consiga despegar; pero, si las impurezas taponan los conductos de combustible, tal vez los motores pierdan potencia justo antes de aterrizar y el avión se estrelle. De manera parecida, puede que alguien lleve un tiempo sirviendo a Jehová; pero, si en su interior hay egocentrismo y envidia, terminará estrellándose (Prov. 16:18). Dejará de servir a Jehová, se hará daño a sí mismo y perjudicará a otros. ¿Cómo podemos evitar volvernos egocéntricos y envidiosos?

8. ¿Cómo podemos luchar contra el egocentrismo?

Podemos luchar contra el egocentrismo si seguimos el consejo que el apóstol  Pablo les dio a los filipenses: “No hagan nada motivados por un espíritu conflictivo o egocéntrico, sino que humildemente piensen que los demás son superiores a ustedes” (Filip. 2:3). Si pensamos que los demás son superiores, no competiremos con quienes tienen más talentos o habilidades que nosotros, sino que nos alegraremos por ellos. Esto es especialmente cierto si están usando sus habilidades para la alabanza de Jehová. Por su parte, si los hermanos que tienen talentos también siguen el consejo de Pablo, se concentrarán en las buenas cualidades que ven en nosotros. El resultado será que todos fomentaremos la paz y la unidad en la congregación.

9. ¿Qué nos ayudará a controlar la tendencia a la envidia?

¿Qué nos ayudará a controlar la tendencia a la envidia? Ser modestos, es decir, reconocer que tenemos limitaciones. Si somos modestos, no intentaremos demostrar que tenemos más talento y habilidad que el resto de la gente. Más bien, buscaremos maneras de aprender de quienes hacen ciertas cosas mejor que nosotros. Por ejemplo, si un hermano de la congregación presenta discursos públicos excelentes, podemos preguntarle cómo los prepara. Si una hermana cocina muy bien, podemos pedirle algunos consejitos para mejorar. Y, si un joven no tiene mucha facilidad para hacer amigos, tal vez le pueda pedir sugerencias a alguien que sí la tenga. Todo esto nos ayudará a evitar la envidia y a mejorar nuestras propias habilidades.

APRENDAMOS DE LOS EJEMPLOS BÍBLICOS

10. ¿Qué situación afrontó Gedeón?

Pensemos en lo que sucedió entre Gedeón, que era de la tribu de Manasés, y los hombres de la tribu de Efraín. Con la ayuda de Jehová, Gedeón y sus 300 hombres habían conseguido una gran victoria por la que podrían haberse sentido muy orgullosos. Los hombres de Efraín fueron a hablar con Gedeón, pero  no para felicitarlo, sino para discutir con él. Por lo visto, tenían el orgullo herido porque no los había invitado desde el principio a luchar junto con él contra los enemigos de Dios. Estaban tan concentrados en proteger el honor de su tribu que no habían pensado en lo más importante: Gedeón acababa de contribuir a honrar el nombre de Jehová y a proteger a su pueblo (Juec. 8:1).

11. ¿Cómo respondió Gedeón a los hombres de Efraín?

Con humildad, Gedeón les dijo a los hombres de Efraín: “¿Y qué hice yo en comparación con lo que han hecho ustedes?”. Luego les dio un ejemplo específico de cómo Jehová los había bendecido. Como resultado, “ellos se calmaron” (Juec. 8:2, 3). Gedeón estuvo dispuesto a dejar a un lado su orgullo con tal de mantener la paz en el pueblo de Dios.

12. ¿Qué aprendemos de los efraimitas y de Gedeón?

¿Qué nos enseña este relato? De los efraimitas, aprendemos que no debemos darle más importancia a proteger nuestro honor que a honrar a Jehová. De Gedeón, los cabezas de familia y los ancianos pueden aprender que, si alguien está molesto con ellos por algo que hicieron, deben procurar ver las cosas desde su perspectiva. También pueden felicitarlo por algo que haya hecho bien. Para eso se necesita humildad, sobre todo si es evidente que la otra persona está equivocada. Pero mantener la paz es mucho más importante que demostrar que tenemos razón.

ILUSTRACION:

Gedeón habla con efraimitas que van armados.

Como era humilde, Gedeón mantuvo la paz con los efraimitas. (Vea los párrafos 10 a 12).

13. ¿Qué problema tenía Ana, y qué hizo?

Veamos también el ejemplo de Ana. Ella estaba casada con un levita llamado Elcaná, que la quería mucho. Pero Elcaná tenía otra esposa, que se llamaba Peniná. Él quería a Ana más que a Peniná. Sin embargo, “Peniná tenía hijos, pero Ana no tenía ninguno”. Peniná “siempre se burlaba de ella para hacerla sentir mal”, hasta el punto de que “Ana acababa llorando y no comía nada” (1 Sam. 1:2, 6, 7). Aun así, la Biblia no indica que Ana de alguna manera intentara vengarse de Peniná. Más bien, le abrió su corazón a Jehová y confió en que él la ayudaría. No sabemos si Peniná cambió de actitud. Lo que sí sabemos es que Ana recuperó y mantuvo la paz interior, pues la Biblia dice que “la tristeza desapareció de su cara” (1 Sam. 1:10, 18).

14. ¿Qué aprendemos del ejemplo de Ana?

¿Qué aprendemos del ejemplo de Ana? Si alguien intenta competir con nosotros de alguna manera, recordemos que nosotros podemos controlar cómo reaccionaremos. No tenemos por  qué dejarnos provocar. En vez de pagar mal por mal, procuremos hacer las paces (Rom. 12:17-21). Aun si la otra persona no cambia, nosotros mantendremos la paz interior.

ILUSTRACION:

Ana sale del tabernáculo con el rostro tranquilo mientras el sumo sacerdote Elí la observa.

Como confió en que Jehová la ayudaría, Ana recuperó la paz interior. (Vea los párrafos 13 y 14).

15. ¿En qué se parecían Apolos y Pablo?

Por último, veamos lo que nos enseñan los ejemplos del discípulo Apolos y el apóstol Pablo. Los dos tenían un enorme conocimiento de las Escrituras y eran maestros muy conocidos e influyentes. Además, ambos habían ayudado a hacer muchos discípulos. Pero ninguno de ellos veía al otro como un rival.

16. ¿Qué clase de persona era Apolos?

Apolos era “natural de Alejandría”, que era un centro cultural del siglo primero. Por lo visto, era un buen orador y “conocía muy bien las Escrituras” (Hech. 18:24). Cuando Apolos pasó un tiempo en Corinto, algunos de la congregación de allí dejaron claro que lo preferían a él antes que a otros hermanos, como Pablo (1 Cor. 1:12, 13). ¿Fomentó Apolos aquella actitud divisiva? Cuesta mucho imaginarlo. De hecho, un tiempo después de que Apolos se fuera de Corinto, Pablo le insistió para que regresara (1 Cor. 16:12). Pablo nunca le habría pedido eso si pensara que Apolos estaba dividiendo a la congregación. Sin duda, Apolos estaba usando sus habilidades de la mejor manera: para predicar las buenas noticias y fortalecer a sus hermanos. También podemos estar seguros de que Apolos era un hombre humilde. Por ejemplo, nada indica que se ofendiera cuando Áquila y Priscila “le explicaron con mayor exactitud el camino de Dios” (Hech. 18:24-28).

17. ¿Qué hizo Pablo para fomentar la paz?

El apóstol Pablo estaba muy al tanto de la buena labor que estaba haciendo Apolos. Pero no se sintió amenazado por él. En el consejo que le escribió a la congregación de Corinto, podemos ver que Pablo era humilde, modesto y razonable. En vez de sentirse halagado porque algunos decían “Yo soy de Pablo”, él dirigió toda la atención a Jehová Dios y a Jesucristo (1 Cor. 3:3-6).

18. En armonía con 1 Corintios 4:6, 7, ¿Qué aprendemos de los ejemplos de Apolos y Pablo?

¿Qué aprendemos de los ejemplos de Apolos y Pablo? Que todo el duro trabajo que hacemos por Jehová y todo el éxito que tal vez tengamos al ayudar a otras personas a llegar al bautismo solo es posible gracias a la bendición de Jehová. Otra lección que aprendemos es que, cuantas más responsabilidades tengamos en la congregación, más podemos hacer para fomentar la paz y la unidad. Los ancianos y los siervos ministeriales hacen esto cuando basan sus consejos en la Palabra de Dios y no centran la atención en sí mismos, sino en nuestro modelo, Cristo Jesús. ¡Qué agradecidos estamos de tenerlos! (Lea 1 Corintios 4:6, 7).

ILUSTRACION:

El apóstol Pablo y Apolos conversan animadamente.

Como sabían que Jehová estaba bendiciendo la obra, Apolos y Pablo no se veían como rivales. (Vea los párrafos 15 a 18).

19. ¿Qué puede hacer cada uno de nosotros? (Vea también el recuadro “ No fomentemos competencias”).

Dios nos ha dado a todos talentos o habilidades que podemos usar para servirnos unos a otros (1 Ped. 4:10). Tal vez sintamos que lo que aportamos no es mucho. Pero las pequeñas cosas que hacemos para fomentar la unidad son como las pequeñas puntadas de hilo que mantienen unidas las piezas de una prenda de vestir. Así pues, esforcémonos por borrar de nuestro interior cualquier rastro de espíritu competitivo y hagamos todo lo posible por fomentar la paz y la unidad en la congregación (Efes. 4:3).

No fomentemos competencias

Sin darnos cuenta, podríamos contribuir a fomentar un espíritu de competencia en la congregación. Esto podría pasar si hiciéramos comentarios inapropiados sobre quién es el mejor orador, quién hace los mejores comentarios o cuál de los precursores es el mejor de todos. Quizás comparemos a un anciano con otro que tenga habilidades que nos gustan. Pero los ancianos son seres humanos imperfectos. Y, si uno de ellos ve que siempre lo están comparando con otro, puede empezar a verlo como un rival. Eso haría mucho daño a la congregación.

¿QUÉ CONTESTARÍA?

¿Por qué debemos hacernos un autoexamen?

Es buena idea analizarnos cada cierto tiempo.  Porque, si al compararnos con otros nos sentimos superiores, nos podemos volver orgullosos. Y, si nos sentimos inferiores, nos podemos desanimar. Ninguna de las dos opciones refleja buen juicio

¿Qué nos ayudará a no fomentar un espíritu competitivo?

Que debemos tomar medidas si notamos que tenemos la tendencia a fomentar competencias en vez de a buscar la paz. Si pensamos que los demás son superiores, no competiremos con quienes tienen más talentos o habilidades que nosotros, sino que nos alegraremos por ellos. Esto es especialmente cierto si están usando sus habilidades para la alabanza de Jehová.

¿Qué le han enseñado los ejemplos de Gedeón, Ana, Apolos y el apóstol Pablo?

Si alguien intenta competir con nosotros de alguna manera, recordemos que nosotros podemos controlar cómo reaccionaremos. Que todo el duro trabajo que hacemos por Jehová y todo el éxito que tal vez tengamos al ayudar a otras personas a llegar al bautismo solo es posible gracias a la bendición de Jehová.

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