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Estudio De La Atalaya, 27 de diciembre de 2021 a 2 de enero de 2022, ¡No se rinda!, Respuestas Subrayadas.

1. ¿Por qué nos sentimos felices y orgullosos los testigos de Jehová?

¡Qué felices y orgullosos nos sentimos de ser testigos de Jehová! Llevamos el nombre de Dios y demostramos que somos sus Testigos cuando les predicamos a las personas y les enseñamos de él. Nos alegra poder ayudar a alguien que tiene “la actitud correcta para obtener vida eterna” a hacerse siervo de Jehová (Hech. 13:48). Nos sentimos como Jesús, que “sintió una inmensa felicidad por medio del espíritu santo” cuando sus discípulos volvieron de una campaña de predicación y le contaron las buenas experiencias que habían tenido (Luc. 10:1, 17, 21).

2. ¿Cómo demostramos que la predicación es algo muy importante para nosotros?

Para nosotros, la predicación es algo muy importante. El apóstol Pablo le dio este consejo a Timoteo: “Presta constante atención a tu conducta y a tu enseñanza”. Y añadió: “Así te salvarás a ti mismo y también a los que te escuchan” (1 Tim. 4:16). Estas palabras nos muestran que hay vidas en juego. Le prestamos constante atención a nuestra conducta porque somos ciudadanos del Reino de Dios. Siempre queremos comportarnos de una manera que honre a Jehová y que demuestre que creemos en las buenas noticias que anunciamos (Filip. 1:27). Y le prestamos atención a nuestra enseñanza preparándonos bien para la predicación y pidiéndole a Jehová que nos ayude cuando vamos a hablar de él a otros.

3. ¿Cuál podría ser la reacción de las personas al mensaje del Reino, y qué ejemplo lo demuestra?

Sin embargo, incluso cuando nos esforzamos al máximo en el ministerio, puede que las personas de nuestro territorio muestren poco o ningún interés en el mensaje del Reino. Pensemos en el hermano Georg Lindal, que predicó solo por toda Islandia desde 1929 hasta 1947. Dejó miles y miles de publicaciones en manos de las personas, pero nadie se hizo Testigo. Escribió: “Algunas se han puesto en contra de la verdad, pero la mayoría se han quedado totalmente  indiferentes”. Después llegaron misioneros de Galaad para ayudar con la predicación, pero la gente tampoco respondía. Por fin, nueve años después, algunas personas del país le dedicaron su vida a Jehová y se bautizaron. *

4. ¿Cómo puede que nos sintamos cuando las personas rechazan nuestro mensaje?

Cuando las personas rechazan nuestro mensaje, nos sentimos desilusionados. Puede que nos pase como a Pablo, que dijo que tenía “una gran tristeza y un dolor constante” porque los judíos en general se negaron a aceptar que Jesús era el Mesías prometido (Rom. 9:1-3). ¿Y si le damos clases de la Biblia a alguien, pero no progresa a pesar de nuestros esfuerzos y nuestras oraciones, y al final tenemos que suspender el curso? O ¿Qué hay si nunca hemos llevado a nadie al bautismo? ¿Deberíamos sentirnos culpables y quizás pensar que Jehová no está bendiciendo nuestra labor? En este artículo, daremos respuesta a dos preguntas: ¿Cómo sabemos si nuestro ministerio es un éxito? y ¿Qué expectativas realistas deberíamos tener?

¿CÓMO SABEMOS SI NUESTRO MINISTERIO ES UN ÉXITO?

5. ¿Por qué lo que hacemos para Jehová no siempre da los resultados que habíamos esperado?

Cuando la Biblia habla de la persona que hace la voluntad de Dios, dice: “Todo lo que él haga tendrá éxito” (Sal. 1:3). Pero eso no significa que todo lo que hacemos para Jehová saldrá como queremos. Nuestra imperfección y la de los demás hacen que la vida esté “llena de problemas” (Job 14:1). Además, puede que nuestros enemigos logren interrumpir por un tiempo que prediquemos con libertad (1 Cor. 16:9; 1 Tes. 2:18). Entonces, ¿Cómo mide Jehová el éxito de nuestro ministerio? Veamos algunos principios de la Biblia que nos ayudarán a responder esta pregunta.

6. ¿Cómo mide Jehová el éxito de nuestro ministerio?

Jehová se fija en nuestros esfuerzos y en nuestro aguante. Para él, nuestro ministerio es un éxito si lo llevamos a cabo con diligencia y amor, sin importar la reacción de las personas. Pablo escribió: “Dios no es injusto y no se olvida de las obras de ustedes ni del amor que demostraron por su nombre al haber servido a los santos y al continuar sirviéndoles” (Heb. 6:10). Jehová no olvida nuestros esfuerzos y nuestro amor, incluso si esos esfuerzos no nos han dado buenos resultados. Entonces, podemos aplicarnos las palabras de Pablo a los cristianos de Corinto: “Su trabajo relacionado con el Señor no es en vano” (1 Cor. 15:58). Y esto es así aunque ese trabajo no haya resultado en lo que esperábamos.

ILUSTRACION:

Serie de imágenes: Hermanos y hermanas predicando. 1. Un hermano va de casa en casa. 2. Una hermana escribe una carta. 3. Un hermano llama por teléfono.

Jehová valora nuestros esfuerzos, sea que prediquemos en persona, por carta o por teléfono. (Vea el párrafo 6).

7. ¿Qué aprendemos de lo que el apóstol Pablo dijo sobre su ministerio?

El apóstol Pablo fue un misionero extraordinario y fundó congregaciones en muchas ciudades. Aun así, cuando algunos cristianos que se creían superiores a él lo criticaron y dijeron que no era un buen maestro, no habló de a cuántas personas había llevado al bautismo. En vez de eso, se defendió diciendo: “He trabajado más” (2 Cor. 11:23). Sigamos el ejemplo de Pablo y recordemos que para Jehová lo más importante son nuestros esfuerzos y nuestro aguante.

8. ¿Qué debemos recordar sobre nuestro ministerio?

Nuestro ministerio complace a Jehová. En cierta ocasión, Jesús envió a 70 de sus discípulos a llevar a otros el mensaje del Reino. Al terminar, la Biblia dice que “volvieron sintiéndose felices”. ¿Por qué estaban tan alegres? Dijeron: “Hasta los demonios quedan sometidos a nosotros cuando usamos tu nombre”. Pero Jesús los corrigió con estas palabras: “No se alegren porque los espíritus quedan sometidos a ustedes. Más bien, alégrense porque sus nombres han sido escritos en los cielos” (Luc. 10:17-20). Jesús sabía que no siempre tendrían experiencias tan espectaculares en el ministerio. De hecho, no sabemos cuántas de esas personas que escucharon a los discípulos llegaron a hacerse cristianas. Los discípulos tenían que sentirse felices no solo porque la gente los escuchara, sino sobre todo por saber que a Jehová le complacían sus esfuerzos.

9. Según Gálatas 6:7-9, ¿Cuál será el resultado si no dejamos de predicar?

Si no dejamos de predicar, obtendremos vida eterna. Cuando hacemos todo esfuerzo posible por sembrar y cultivar las semillas de la verdad, también sembramos “pensando en el espíritu”, pues dejamos que el espíritu santo actúe libremente en nuestra vida. “Si no nos cansamos”, Jehová promete que nos dará vida eterna, aunque no logremos ayudar a nadie a llegar al bautismo (lea Gálatas 6:7-9).

¿QUÉ EXPECTATIVAS REALISTAS DEBERÍAMOS TENER?

10. ¿De qué depende la reacción de las personas a nuestro mensaje?

La reacción de las personas depende principalmente de lo que hay en su corazón. Jesús explicó esta verdad en la parábola del sembrador. En esta historia, un hombre sembró semillas en distintos tipos de suelo, pero solo dieron fruto las que cayeron en la tierra buena (Luc. 8:5-8). Jesús dijo que los distintos tipos de tierra representan los corazones de las personas, que responden de distintas maneras a “la palabra de Dios” (Luc. 8:11-15). Tal como le pasa al sembrador, nosotros no tenemos control sobre el fruto de nuestro trabajo, pues depende de qué tipo de corazón tengan las personas que nos escuchan. Nuestro deber es seguir sembrando la semilla del mensaje del Reino. Como dijo el apóstol Pablo, “cada persona recibirá su recompensa según su trabajo”, no según los resultados de su trabajo (1 Cor. 3:8).

11. ¿Por qué podemos decir que Noé tuvo éxito como “predicador de justicia”? (Vea el dibujo de la portada).

A lo largo de la historia, muchos siervos de Jehová les han predicado a personas que no han escuchado su mensaje. Por ejemplo, Noé fue “predicador de justicia”, probablemente durante varias décadas (2 Ped. 2:5). Sin duda, él esperaba que las personas lo escucharan, pero Jehová no le dio a entender que eso sucedería.  Al contrario, cuando le dio las instrucciones para que hiciera el arca, le mandó: “Tienes que entrar en el arca con tus hijos, tu esposa y tus nueras” (Gén. 6:18). Y, cuando le dijo el tamaño que tendría el arca, Noé pudo haberse percatado de que muy pocos lo escucharían (Gén. 6:15). Y así fue. Ni una sola persona de aquel mundo violento hizo caso a su mensaje (Gén. 7:7). ¿Pensó Jehová que Noé era un fracaso? No, en absoluto. Para él, Noé tuvo mucho éxito porque hizo fielmente lo que le había mandado hacer (Gén. 6:22).

ILUSTRACION:

Noé y su familia entran en el arca con muchos animales y provisiones.

Noé predicó fielmente durante años, pero los únicos que entraron con él en el arca fueron su esposa, sus hijos y sus nueras. Aun así, fue obediente y cumplió con éxito la labor que Dios le encargó. (Vea el párrafo 11).

12. ¿Qué hizo Jeremías para disfrutar la predicación pese a la indiferencia y la oposición de la gente?

El profeta Jeremías también predicó durante décadas pese a la indiferencia y la oposición de la gente. Los insultos y las burlas lo desanimaron tanto que hasta pensó en renunciar a su asignación (Jer. 20:8, 9). Pero no se rindió. ¿Qué lo ayudó a luchar contra sus pensamientos negativos y a disfrutar la predicación? Centrarse en dos cuestiones importantes. Primero, en que el mensaje divino que llevaba a las personas podía darles “un futuro y una esperanza” (Jer. 29:11). Y, segundo, en que Jehová lo había elegido para que llevara su nombre (Jer. 15:16). Nosotros también llevamos un mensaje de esperanza en un mundo que está en tinieblas y llevamos el nombre de Jehová porque somos sus Testigos. Cuando nos centramos en estas dos cuestiones importantes, disfrutamos la predicación sin importar cómo reaccione la gente.

13. ¿Qué nos enseña la parábola de Jesús que leemos en Marcos 4:26-29?

El crecimiento espiritual lleva su tiempo. Jesús enseñó esta verdad en la parábola del sembrador que duerme (lea Marcos 4:26-29). El sembrador vio el fruto de sus esfuerzos poco a poco y no pudo hacer nada para que las semillas crecieran más rápido. De manera parecida, puede que pase cierto tiempo para que veamos que un estudiante aplica lo que aprende, pues el progreso se produce poco a poco. Tal como un sembrador no puede hacer que sus cultivos crezcan a la velocidad que él desea, nosotros no podemos obligar a los estudiantes a progresar a la velocidad que nosotros queremos. Así que no nos desanimemos ni nos rindamos si su progreso está llevando más de lo que esperábamos. Tanto cultivar como hacer discípulos requieren paciencia (Sant. 5:7, 8).

14. ¿Qué ejemplo muestra que puede pasar un buen tiempo antes de que las personas nos empiecen a escuchar?

En algunos territorios, pasan años y nadie responde a nuestro mensaje. Veamos la experiencia de Gladys y Ruby Allen, dos hermanas carnales de Canadá. En 1959, las enviaron de precursoras regulares a una ciudad de la provincia de Quebec. * La gente les tenía temor a los sacerdotes de la Iglesia católica y a la opinión de la gente, así que no las escuchaban. Gladys recuerda: “Predicamos de puerta en puerta durante ocho horas al día por dos años sin que nadie respondiera. Las personas sencillamente nos veían por la ventana de la puerta y cerraban las persianas. Pero no nos dimos por vencidas”. Con el tiempo, la actitud de las personas se suavizó y el territorio se hizo más productivo. Hoy día, hay tres congregaciones en ese lugar (Is. 60:22).

15. ¿Qué nos enseña 1 Corintios 3:6, 7 sobre la obra de hacer discípulos?

Hacer discípulos es un trabajo en equipo. Se ha dicho que se necesita una congregación para ayudar a alguien a llegar al bautismo (lea 1 Corintios 3:6, 7). Por ejemplo, puede que un publicador le deje un tratado o una revista a una persona que mostró interés. Entonces, el hermano se da cuenta de que su horario no le permite volver a visitarla. Así que le pide ayuda a otro publicador. Este publicador inicia un curso bíblico e invita a distintos hermanos y hermanas a que lo acompañen, y cada uno anima de alguna manera al estudiante. Cada publicador que el estudiante conoce ayuda a regar la semilla de la verdad. De esta manera, como dijo Jesús, el sembrador y el cosechador pueden alegrarse juntos al participar en la cosecha espiritual (Juan 4:35-38).

16. Aunque a usted le fallen las fuerzas o la salud, ¿por qué puede sentirse feliz con lo que hace en el ministerio?

¿Y si usted ya no puede predicar y enseñar tanto como antes porque le fallan las fuerzas o la salud? Aun así, puede sentirse feliz por lo que sí puede hacer en la cosecha. Veamos lo que pasó cuando el rey David y sus hombres derrotaron a una banda de saqueadores amalequitas y recuperaron a sus familias y todo lo que les habían robado. Doscientos hombres estaban demasiado cansados para ir a pelear, así que se quedaron vigilando las pertenencias. Después de la batalla, David dijo que el botín se repartiría entre todos por igual (1 Sam. 30:21-25). Hoy día, pasa algo parecido con nuestra obra mundial de hacer discípulos. Todos los que le damos a Jehová lo mejor que tenemos, incluido usted, podemos alegrarnos por igual cada vez que se rescata a una persona y se le ayuda a entrar en el camino que lleva a la vida.

17. ¿Por qué podemos darle gracias a Jehová?

Le damos gracias a Jehová porque valora con amor el servicio que le damos. Él sabe que no podemos controlar el resultado de nuestros esfuerzos, pero se fija en nuestro duro trabajo y en el amor que le ponemos, y nos recompensa por ello. También nos enseña a ser felices con lo que podemos hacer en la gran cosecha (Juan 14:12). No lo dudemos: Dios nos dará su aprobación si no nos rendimos.

¿QUÉ RESPONDERÍA?

¿Cómo puede que nos sintamos cuando las personas rechazan nuestro mensaje?

Nos sentimos desilusionados y tristes. Puede que nos pase como a Pablo, que dijo que tenía “una gran tristeza y un dolor constante”.

¿Cómo sabemos si nuestro ministerio es un éxito?

Porque la Biblia dice que las persona que hacen la voluntad de Dios, Tendrían éxito en todo lo que hagan. Jehová se fija en nuestros esfuerzos y en nuestro aguante. 

¿Por qué no debemos darle demasiada importancia a cuántas personas hemos llevado personalmente al bautismo?

Tal como un sembrador no puede hacer que sus cultivos crezcan a la velocidad que él desea, nosotros no podemos obligar a los estudiantes a progresar a la velocidad que nosotros queremos. Así que no nos desanimemos ni nos rindamos si su progreso está llevando más de lo que esperábamos. Tanto cultivar como hacer discípulos requieren paciencia.

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