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TEXTO DIARIO, De hoy Domingo 2 de enero del 2022

Examinemos las Escrituras todos los días 2022

Domingo 2 de enero del 2022

A las langostas no se les permitió matar a las personas, sino atormentarlas por cinco meses (Apoc. 9:5).

Esta profecía habla de un enjambre de langostas que tienen rostros humanos y “en la cabeza una especie de corona de oro” (Apoc. 9:7). Atormentan “a las personas que no tienen el sello de Dios en la frente” —o sea, los enemigos de Jehová— durante cinco meses, que es lo que suele vivir una langosta (Apoc. 9:4). Esto sí que parece ser una descripción de los siervos ungidos de Jehová, pues ellos proclaman con valor las sentencias de Dios contra este malvado mundo, lo que incomoda mucho a quienes lo apoyan. En otras palabras, las langostas de Joel 2:7-9 no son las mismas que las del libro de Apocalipsis. Esto no debe sorprendernos, pues la Biblia a veces usa un mismo símbolo para representar cosas diferentes en contextos diferentes. Por ejemplo, en Apocalipsis 5:5 se dice que Jesús es “el León de la tribu de Judá”, mientras que en 1 Pedro 5:8 se dice que el Diablo es como “un león rugiente”. w20.04 3 párr. 8; 5 párr. 10

¿Cuándo se cumplió Joel 2:28, 29?

A continuación, Joel declara una buena noticia: la tierra volverá a dar fruto (Joel 2:23-26). Luego, en algún momento futuro, se hará disponible alimento espiritual en abundancia. Jehová promete: “Derramaré mi espíritu sobre todo tipo de personas. Sus hijos y sus hijas profetizarán […]. Incluso sobre mis esclavos y mis esclavas derramaré mi espíritu” (Joel 2:28, 29). ¿Cuándo se cumplieron estas palabras? No fue cuando los israelitas regresaron de Babilonia a su tierra, sino siglos después, en el Pentecostés del año 33. ¿Cómo lo sabemos?

Tal como leemos en Hechos 2:16, 17, ¿Qué cambio hizo Pedro al citar de Joel 2:28, y qué indica esto?

Por inspiración divina, el apóstol Pedro relacionó Joel 2:28, 29 con algo sorprendente que ocurrió en el Pentecostés del año 33. Como a las nueve de la mañana, Dios derramó su espíritu santo, y quienes lo recibieron empezaron a hablar “de las cosas magníficas de Dios” en diferentes idiomas (Hech. 2:11). Pero ¿habíamos notado que Pedro usó unas palabras un poco diferentes al citar de la profecía de Joel? (Lea Hechos 2:16, 17). Jehová hizo que, en vez de empezar la cita con la palabra “después”, Pedro dijera que “en los últimos días” —en este contexto, los últimos días de Jerusalén y su templo— Dios derramaría su espíritu “sobre todo tipo de personas”. Esto indica que pasó mucho tiempo hasta que se cumplió la profecía de Joel.

a) ¿Qué efecto tuvo el espíritu de Dios en la predicación en el siglo primero? b) ¿Qué efecto ha tenido en nuestros días?

Después de que Dios derramó su espíritu sobre los cristianos en el siglo primero, la predicación empezó a tener un progreso muy notable. Para cuando el apóstol Pablo escribió su carta a los Colosenses, alrededor del año 61, pudo decir que las buenas noticias se habían predicado “en toda la creación que está bajo el cielo” (Col. 1:23). Al decir “toda la creación”, Pablo se refería a las partes del mundo que se conocían en aquel entonces. En nuestros días, gracias al poderoso espíritu santo de Jehová, la predicación se ha extendido mucho más y ha alcanzado “hasta las partes más lejanas de la tierra” (Hech. 13:47; vea el recuadro “Derramaré mi espíritu”).

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