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Examinando las Escrituras diariamente 2020

Domingo 26 de julio del 2020

¿Eres tú el rey de los judíos? (Juan 18:33).

Mientras estuvo en el cargo, una de las grandes preocupaciones de Pilato fueron las sublevaciones políticas. Así que quizás tenía miedo de que Jesús ocasionara una rebelión. Pero Jesús le respondió: “Mi reino no es parte de este mundo” (Juan 18:36). Él no se iba a meter en política, pues su Reino sería un gobierno celestial. Además, le aclaró que su labor en la Tierra era “dar testimonio acerca de la verdad” (Juan 18:37). Jesús tenía muy claro qué obra debía hacer. Si nosotros también tenemos claro qué obra debemos hacer, no apoyaremos los movimientos políticos independentistas, ni siquiera en el corazón. Esto puede resultarnos difícil. Un superintendente viajante indica: “La gente en nuestra zona es cada vez más radical. Predomina un espíritu nacionalista, y muchos dan por sentado que la independencia política mejorará sus vidas. Afortunadamente, los hermanos han protegido su unidad cristiana al concentrarse en predicar las buenas nuevas del Reino. Confían en que Dios resolverá la injusticia y los demás problemas que afrontamos”. w18.06 4, 5 párrs. 6, 7

¿Qué injusticias soportaban los judíos en el siglo primero?

Por regla general, las injusticias encienden las pasiones políticas. En los días de Jesús, el pago de impuestos era una cuestión candente. De hecho, la chispa que prendió la rebelión de Judas el Galileo fue un censo ordenado por los romanos para garantizar el pago de los tributos. Los súbditos del Imperio romano, entre ellos las personas que escuchaban a Jesús, tenían que pagar muchos impuestos, como por ejemplo sobre los bienes, las tierras y las viviendas. Y, como los recaudadores de impuestos eran muy corruptos, la gente sentía que llevaba una carga muy pesada. A veces, los recaudadores les pagaban a los funcionarios para acceder a ciertos puestos y luego usaban su autoridad para enriquecerse. Zaqueo, el principal recaudador de impuestos de Jericó, se hizo rico extorsionando a los ciudadanos (Luc. 19:2, 8). Y lo más probable es que no fuera el único que se valiera de estas prácticas.

¿Cómo trataron de conseguir los enemigos de Jesús que él tomara partido en una cuestión política? y ¿Qué aprendemos de la reacción de Jesús?

Los enemigos de Jesús trataron de conseguir que él tomara partido en una cuestión relacionada con los impuestos. Para entramparlo, le preguntaron por “la capitación”, un impuesto de un denario que debían pagar todos los habitantes del Imperio romano (lea Mateo 22:16-18). Este era uno de los tributos que más molestaba a los judíos, porque representaba que estaban sometidos a Roma. La trampa de los “partidarios de Herodes” era la siguiente: si Jesús criticaba el impuesto, podría ser acusado de rebelión contra el Imperio, pero, si decía que había que pagarlo, sus seguidores tal vez lo abandonarían.

A fin de mantenerse neutral, Jesús tuvo mucho cuidado con su respuesta. Dijo: “Paguen a César las cosas de César, pero a Dios las cosas de Dios” (Mat. 22:21). Claro, sabía que muchos recaudadores eran corruptos. Pero no quería que estas cosas lo distrajeran de la cuestión más importante: que la verdadera solución para los problemas de la humanidad es el Reino de Dios. Así puso un modelo que todos debemos seguir. Aunque una causa parezca muy noble, nunca debemos meternos en temas políticos. En lugar de formarnos opiniones muy categóricas sobre las injusticias o hablar en contra de ellas, los cristianos buscamos el Reino y la justicia de Dios (Mat. 6:33).

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