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Examinando las Escrituras diariamente 2020

Jueves 27 de agosto del 2020

Estos son los que llevan fruto con aguante (Luc. 8:15).

 En la parábola del sembrador, de Lucas 8:5-8, 11-15, la semilla es “la palabra de Dios”, o sea, el mensaje del Reino. La tierra representa el corazón simbólico de las personas. La semilla que cayó en la tierra buena echó raíces, creció y produjo cien veces más fruto. Cuando aceptamos la verdad, se puede decir que la semilla cayó en una tierra buena. La semilla siguió creciendo hasta que estuvo lista para producir fruto. ¿Cuál? Así como una planta produce nuevas semillas, no nuevas plantas, nosotros producimos nuevas semillas del Reino, no nuevos discípulos. ¿Cómo las producimos? Al predicar el Reino. Cada vez que de una forma u otra proclamamos este mensaje, es como si esparciéramos el mismo tipo de semilla que se plantó en nuestro corazón (Luc. 6:45; 8:1). Por lo tanto, esta parábola nos enseña que daremos fruto con aguante siempre que sigamos predicando. w18.05 14 párrs. 10, 11.

¿Qué aprendemos de estos dos pasajes sobre la vid y el sembrador? y ¿Qué efecto tiene esto en usted?

¿Qué aprendemos de estos dos pasajes sobre la vid y el sembrador? Que nuestra capacidad para producir fruto no depende de cómo responda la gente del territorio, sino de nuestra fidelidad. Pablo señaló esto mismo al decir: “Cada persona recibirá su propio galardón según su propia labor” (1 Cor. 3:8). Como vemos, se nos recompensa por nuestro trabajo, no por los resultados. Una hermana llamada Matilda, que lleva veinte años sirviendo de precursora, dice: “Me alegra saber que Jehová premia nuestros esfuerzos”.

 

Según Romanos 10:1, 2, ¿por qué motivos continuó predicando Pablo a los que rechazaban el mensaje del Reino?

¿Qué nos ayudará a seguir produciendo fruto? Ya hemos visto cómo le hizo sentir a Pablo el que la mayoría de los judíos rechazara el mensaje del Reino. Pero nunca se dio por vencido. Fijémonos en lo que tiempo después explicó en su carta a los cristianos de Roma sobre lo que sentía por los judíos. Dijo: “La buena voluntad de mi corazón y mi ruego a Dios por ellos son, en realidad, para su salvación. Porque les doy testimonio de que tienen celo por Dios; mas no conforme a conocimiento exacto” (Rom. 10:1, 2). ¿Por qué siguió predicándoles?

Primero, explicó que lo hacía motivado por la buena voluntad de su corazón, es decir, porque deseaba de corazón que algunos judíos lograran la salvación (Rom. 11:13, 14). Segundo, señaló que le rogaba a Dios que ayudara a ciertos judíos a aceptar el mensaje del Reino. Y, tercero, añadió: “Tienen celo por Dios”. Pablo veía lo mejor de cada persona. Y él mismo sabía muy bien que el celo bien dirigido podía convertir a una persona sincera en un cristiano entusiasta.

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