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Examinando las Escrituras diariamente 2020

Viernes 28 de agosto del 2020

A todos aquellos a quienes les tengo cariño los censuro y los disciplino (Rev. 3:19).

Pablo no solo estaba dispuesto a animar a sus hermanos, sino a hacer mucho más. Les dijo: “Gastaré [todo lo que tengo] y quedaré completamente gastado por sus almas” (2 Cor. 12:15). De manera parecida, los ancianos no solo deben animar y consolar a sus hermanos con palabras, sino también con obras. Así demuestran que de verdad se interesan por ellos (1 Cor. 14:3). Para fortalecer a sus hermanos, los ancianos a veces tienen que aconsejarlos o corregirlos. Si quieren hacerlo de manera animadora, deben recordar lo que enseña la Biblia. Jesús mismo dio un ejemplo excelente después de su muerte y resurrección, cuando tuvo que corregir con firmeza a varias congregaciones de Asia Menor. A las de Éfeso, Pérgamo y Tiatira las felicitó con cariño antes de corregirlas (Rev. 2:1-5, 12, 13, 18, 19). Sin duda, los ancianos hacen bien en seguir el ejemplo de Cristo cuando tienen que ofrecer consejos. w18.04 21, 22 párrs. 8, 9.

¿Qué podemos hacer todos para fortalecernos unos a otros?

Ahora bien, los ancianos no son los únicos que tienen la responsabilidad de animar a otros. Pablo nos manda a todos los cristianos que digamos lo que sea “bueno para edificación según haya necesidad, para que imparta lo que sea favorable” a los demás (Efes. 4:29). En efecto, todos debemos estar pendientes de nuestros hermanos y fijarnos en lo que necesitan. Pablo les dijo a los cristianos hebreos: “Enderecen las manos que cuelgan y las rodillas debilitadas, y sigan haciendo sendas rectas para sus pies, para que lo cojo no se descoyunte, sino que, más bien, sea sanado” (Heb. 12:12, 13). Incluso los jóvenes pueden dar palabras de ánimo a los hermanos.

¿Qué ayuda recibió una hermana cuando estaba deprimida?

Veamos el caso de una Testigo llamada Marthe,* que pasó por una depresión. Ella escribe: “Un día en el que le había pedido ayuda a Jehová, me encontré con una hermana mayor. Ella hizo justo lo que yo necesitaba en ese momento: tratarme con cariño y compasión. También me contó que había pasado por una situación parecida a la mía, y dejé de sentirme tan sola”. Puede que la hermana mayor ni se imaginara lo mucho que ayudaron sus palabras a Marthe.

¿Cómo podemos seguir el consejo de Filipenses 2:1-4?

Pablo les dio este consejo a todos los miembros de la congregación de Filipos: “Si hay, pues, algún estímulo en Cristo, si alguna consolación de amor, si alguna participación de espíritu, si algunos tiernos cariños y compasiones, hagan pleno mi gozo por ser ustedes de la misma mente y tener el mismo amor, estando unidos en alma, teniendo presente el mismo pensamiento, no haciendo nada movidos por espíritu de contradicción ni por egotismo, sino considerando con humildad mental que los demás son superiores a ustedes, no vigilando con interés personal solo sus propios asuntos, sino también con interés personal los de los demás”. Este pasaje nos muestra que todos debemos esforzarnos por estar pendientes de cómo animar a nuestros hermanos. Podemos ofrecerles consuelo, amor, compañerismo espiritual, cariño y compasión.

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