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TEXTO DIARIO, De hoy Lunes 22 de febrero del 2021.

 

 

Examinemos las Escrituras todos los días 2021

Lunes 22 de febrero del 2021

Son mis colaboradores a favor del Reino de Dios, y se han convertido en una fuente de gran consuelo para mí (Col. 4:11).

La vida de Pablo estuvo en peligro una y otra vez (2 Cor. 11:23-28). El apóstol también tuvo que soportar “una espina en la carne”, posiblemente un problema de salud (2 Cor. 12:7). Además, se llevó una gran decepción cuando Demas, un antiguo colaborador, lo abandonó “por amar este sistema” (2 Tim. 4:10). Aunque Pablo era un cristiano ungido valiente que se entregaba a favor de los demás, hubo ocasiones en las que también se desanimó (Rom. 9:1, 2). Pablo recibió el ánimo que necesitaba. ¿De qué maneras? Sin duda, Jehová utilizó el espíritu santo para fortalecerlo (2 Cor. 4:7; Filip. 4:13). Pero también se valió de los hermanos. El apóstol dijo que algunos de ellos eran “una fuente de gran consuelo” (Col. 4:11). Entre otros, dio el nombre de Aristarco, Tíquico y Marcos, quienes lo reconfortaron y lo ayudaron a aguantar. w20.01 8 párrs. 2, 3.




RESOLVÁMONOS A CONSOLAR A LOS DEMÁS

¿A qué puede motivarnos meditar en 2 Corintios 1:3, 4?

No tenemos que rebuscar para encontrar a hermanos necesitados de consuelo. Tal vez podamos reconfortarlos con las mismas ideas que otros han usado con nosotros. Nino, una hermana que perdió en la muerte a su abuela, dice: “Jehová puede utilizarnos para dar consuelo a los demás si se lo permitimos” (lea 2 Corintios 1:3, 4). Y Frances, citada en el párrafo 5, dice: “Las palabras de 2 Corintios 1:4 son muy ciertas. Podemos consolar a otros con el consuelo que nosotros mismos recibimos”.

¿Por qué temen algunos dar consuelo? y ¿Cómo podemos reconfortar a los demás? Dé un ejemplo.

Debemos buscar maneras de aliviar el sufrimiento de los demás pese a nuestros temores. Por ejemplo, quizás nos dé miedo no saber qué decir o qué hacer por alguien que está sufriendo. Un anciano llamado Paul recuerda lo que algunos hermanos hicieron cuando falleció su padre. Dice: “Me daba cuenta de que se les hacía difícil hablar conmigo. No sabían qué decirme. Pero sigo agradeciendo su deseo de apoyarme”. Y un hermano llamado Tajon dijo después de vivir un fuerte terremoto: “Sinceramente, no recuerdo lo que decía cada uno de los mensajes que recibí los días posteriores al terremoto. Lo que sí recuerdo es que quienes los enviaron se preocupaban por saber cómo estaba”. No cabe duda de que nuestro interés en otros puede hacer mucho bien.

¿Por qué estamos resueltos a ser “una fuente de gran consuelo”?

Mientras más nos acerquemos al fin de este sistema, peor será la situación en el mundo y más difícil será la vida en él (2 Tim. 3:13). Además, somos imperfectos y continuaremos cometiendo errores. Por todo esto, seguiremos necesitando consuelo. El apóstol Pablo pudo aguantar fiel hasta el final de su vida gracias en parte al ánimo que recibió de sus hermanos. Así pues, seamos leales como Aristarco, confiables como Tíquico y serviciales como Marcos. Si lo hacemos, ayudaremos a nuestros hermanos a ser fieles a Jehová (1 Tes. 3:2, 3).

El apóstol Pablo pasó por muchas dificultades durante su vida. Hubo algunos hermanos que lo consolaron mucho en los momentos difíciles. En este artículo, hablaremos de tres cualidades que hicieron que estos cristianos fueran de tanto consuelo para otros. También veremos maneras de imitar su ejemplo.

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