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TEXTO DIARIO, De hoy Lunes 3 de mayo del 2021.

 

 

Examinemos las Escrituras todos los días 2021

Lunes 3 de mayo del 2021

Cuando las preocupaciones me abrumaban, tú me consolabas y me tranquilizabas (Sal. 94:19).

¿Hemos sentido alguna vez que nos invadía la preocupación? Tal vez el motivo fue que alguien dijo o hizo algo que nos dolió. O puede que lo que nos atormente sea lo que nosotros hemos dicho o hecho. Quizás cometimos un pecado y nos preocupa que Jehová no nos perdone jamás. Además, tal vez pensemos que nos sentimos así porque no tenemos fe, porque somos malas personas. Pero veamos algunos ejemplos de la Biblia. Ana, la madre del profeta Samuel, tenía mucha fe. Aun así, se sentía muy angustiada debido al maltrato que sufría de parte de un miembro de su casa (1 Sam. 1:7). El apóstol Pablo también tenía una fe sólida, pero “la preocupación por todas las congregaciones” lo abrumaba (2 Cor. 11:28). El rey David tenía una fe tan fuerte que Jehová sentía un cariño especial por él (Hech. 13:22). Pese a ello, cometió pecados que lo atormentaron (Sal. 38:4). A todos ellos Jehová los consoló y tranquilizó. w20.02 20 párrs. 1, 2.




QUÉ APRENDEMOS DE LA FIEL ANA

.¿Qué graves problemas tuvo que soportar Ana?

Ana tuvo que soportar graves problemas. Durante muchos años, no pudo tener hijos (1 Sam. 1:2). En la cultura israelita, ser estéril se consideraba una maldición. Así que Ana se sentía humillada (Gén. 30:1, 2). Para empeorar las cosas, su marido tenía otra esposa, Peniná, que sí le dio hijos. Peniná consideraba a Ana una rival y “siempre se burlaba de ella para hacerla sentir mal” (1 Sam. 1:6). Al principio, esta situación le hizo mucho daño a Ana. Se sentía tan mal que “acababa llorando y no comía nada”. Llegó a estar “profundamente angustiada” (1 Sam. 1:7, 10). ¿Cómo obtuvo Ana consuelo?

¿Cómo ayudó a Ana la oración?

Ana le abrió su corazón a Jehová. Después de orar, le explicó al sumo sacerdote Elí lo que le pasaba. Él le dijo: “Vete en paz, y que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido”. ¿Cuál fue el resultado? Ana “se fue y comió, y la tristeza desapareció de su cara” (1 Sam. 1:17, 18). La oración la ayudó a recuperar la paz..

¿Qué nos enseñan sobre la oración el ejemplo de Ana y las palabras de Filipenses 4:6, 7?

Podemos recuperar la paz si perseveramos en la oración. Ana pasó mucho tiempo hablando con su Padre celestial (1 Sam. 1:12). Nosotros también podemos hablarle largo y tendido de nuestras preocupaciones, nuestros temores y nuestros errores. Las oraciones no tienen que ser poéticas ni tener una estructura perfecta. Puede que hasta nos expresemos con amargura y sollocemos. Pero Jehová nunca se cansará de escucharnos. Además de hablarle sobre nuestras dificultades, debemos recordar los consejos que hallamos en Filipenses 4:6, 7 (léalo). Allí Pablo dijo específicamente que debemos darle gracias a Dios al orar. Tenemos muchísimos motivos para hacerlo, entre ellos el regalo de la vida, sus creaciones, su amor leal y la maravillosa esperanza que nos ha dado. ¿Qué más aprendemos del ejemplo de Ana?

¿Qué hacían siempre Ana y su esposo?

A pesar de sus penas, Ana siempre acompañaba a su esposo al lugar donde se adoraba a Jehová, en Siló (1 Sam. 1:1-5). Fue allí, en el tabernáculo, donde el sumo sacerdote Elí la animó diciéndole que esperaba que Jehová le contestara su oración (1 Sam. 1:9, 17).

Explique cómo pueden ayudarnos las reuniones.

Podemos recuperar la paz si seguimos yendo a las reuniones. Por lo general, en la oración de inicio de las reuniones se le pide a Jehová que su espíritu esté con nosotros. Y la paz es parte del fruto de ese espíritu (Gál. 5:22). Si vamos a las reuniones aunque estemos angustiados, les damos a Jehová y a nuestros hermanos la oportunidad de animarnos y ayudarnos a volver a sentir paz. La oración y las reuniones son dos medios importantes que utiliza Dios para tranquilizarnos (Heb. 10:24, 25). Veamos otra lección que nos enseña el caso de Ana.

¿Qué no cambió en la vida de Ana, pero qué fue lo que sí cambió?

La causa de la angustia de Ana no desapareció enseguida. Cuando volvió de adorar a Dios en el tabernáculo, siguió viviendo bajo el mismo techo que Peniná. Y la Biblia no dice que la actitud de esta mujer cambiara. Así que es probable que Ana tuviera que seguir soportando los comentarios hirientes de su rival. Pero logró recuperar y mantener la paz interior. Recordemos que no volvió a sentirse angustiada después de dejar el problema en manos de Jehová. Permitió que él la consolara y tranquilizara. Y algún tiempo después Jehová respondió su oración y ella tuvo hijos (1 Sam. 1:19, 20; 2:21).

¿Qué nos enseña el caso de Ana?

Podemos recuperar la paz aunque la causa de nuestra angustia no desaparezca. Algunos problemas quizás persistan aunque oremos intensamente y vayamos siempre a las reuniones. Pero el caso de Ana nos enseña que nada puede impedir que Jehová tranquilice nuestro atribulado corazón. Él no nos olvidará jamás, y tarde o temprano recompensará nuestra fidelidad (Heb. 11:6).

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