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Examinando las Escrituras diariamente 2020

Martes 15 de septiembre

Presten ayuda a los que son débiles, y tengan presentes las palabras del Señor Jesús (Hech. 20:35).

Cuando el esposo sigue el ejemplo de su cabeza, Jesucristo, ayuda a que su esposa le tenga “profundo respeto” (Efes. 5:22-25, 33). Entonces, ella lo tratará con consideración. Cuando los padres son considerados el uno con el otro, son un buen modelo para sus hijos. Pero también tienen la responsabilidad de enseñarles cómo ser considerados con los demás. Por ejemplo, pueden decirles que no corran en el Salón del Reino o que en las reuniones sociales deben permitir que los mayores se sirvan los alimentos antes que ellos. Si un niño hace algo amable por nosotros, como abrirnos la puerta, debemos felicitarlo. Esto tendrá un buen efecto en él y le grabará en el corazón que “hay más felicidad en dar que en recibir”. w18.09 29 párrs. 5, 6.

SEAMOS CONSIDERADOS EN LA CONGREGACIÓN

¿Cómo le mostró Jesús consideración a un sordo, y qué aprendemos de su ejemplo?

En cierta ocasión en que Jesús estaba en la región de Decápolis, “le trajeron un hombre sordo y con un impedimento del habla” (Mar. 7:31-35). Él “se lo llevó aparte” y lo curó. ¿Por qué no lo hizo delante de todos? Quizás porque se dio cuenta de que, como era sordo, probablemente se sentía incómodo entre la multitud. Es verdad que nosotros no podemos hacer milagros. Pero sí podemos y debemos prestar atención a las necesidades y sentimientos de nuestros hermanos. El apóstol Pablo escribió: “Considerémonos unos a otros [o estemos pendientes unos de otros] para incitarnos al amor y a las obras excelentes” (Heb. 10:24). ¿Cómo podemos seguir el buen ejemplo que dio Jesús al tratar a aquel sordo con consideración?

¿Cómo podemos ser considerados con los mayores y los que tienen problemas físicos? Dé ejemplos.

Seamos considerados con los mayores y los que tienen problemas físicos. La característica más importante de la congregación cristiana no es la eficiencia, sino el amor (Juan 13:34, 35). Este amor nos motiva a hacer todo lo que podamos por ayudar a los mayores y a los que tienen problemas físicos para que puedan ir a las reuniones y predicar. Y actuamos así aunque ellos no puedan hacer tanto como quisieran (Mat. 13:23). Michael, que está en una silla de ruedas, agradece muchísimo la ayuda de su familia y de los hermanos de su grupo de predicación. Dice: “Gracias a lo que hacen por mí, puedo asistir a la mayoría de las reuniones y predicar con regularidad. Lo que más me gusta es la predicación en lugares públicos”.

En muchos hogares Betel, hay hermanos mayores y enfermos. ¿Cómo les muestran los superintendentes su cariño y consideración? Encargándose de que puedan predicar por carta y por teléfono. Un hermano llamado Bill, que tiene 86 años y les escribe a personas que viven en zonas aisladas, dice: “Agradecemos la oportunidad de escribir cartas”. Nancy, que tiene casi 90 años, explica: “Para mí, escribir cartas es mucho más que meter papeles en sobres. Es predicar. La gente necesita conocer la verdad”. Ethel, que nació en 1921, cuenta: “Tengo dolores todo el tiempo. Hay días que me cuesta trabajo hasta vestirme”. Pese a todo, le encanta predicar por teléfono, y tiene algunas buenas revisitas. Y Barbara, de 85 años, comenta: “Como la salud no me acompaña, se me hace muy difícil participar en el ministerio con regularidad. Pero el teléfono me permite hablar con otras personas. ¡Gracias, Jehová!”. En menos de un año, un grupo de queridos hermanos mayores dedicó 1.228 horas a predicar, escribió 6.265 cartas, hizo más de 2.000 llamadas de teléfono y distribuyó 6.315 publicaciones. ¡Qué contento debe estar Jehová! (Prov. 27:11).

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