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Examinando las Escrituras diariamente 2020

Martes 18 de agosto del 2020

Hay felicidad en dar (Hech. 20:35).

Cuando Jehová comenzó la creación, estaba solo. Pero, lejos de pensar únicamente en sí mismo, les regaló la vida a muchos seres inteligentes, tanto espirituales como humanos. Él es el “Dios feliz”, y le encanta dar cosas buenas (1 Tim. 1:11; Sant. 1:17). Además, como desea que también nosotros seamos felices, nos enseña a ser generosos (Rom. 1:20). Dios creó a los seres humanos a su imagen y semejanza (Gén. 1:27). En otras palabras, nos hizo para reflejar su personalidad. Por tanto, si queremos ser felices y sentirnos realizados, tenemos que seguir su ejemplo interesándonos en el prójimo y siendo generosos (Filip. 2:3, 4; Sant. 1:5). ¿Por qué? Dicho con sencillez, porque así es como Dios nos hizo. A pesar de nuestra imperfección, podemos ser generosos como él. Jehová quiere que lo imitemos, y por eso se siente feliz cuando somos generosos (Efes. 5:1). w18.08 18 párrs. 1, 2; 19 párr. 4.

¿Qué lección nos enseñó Jesús en la parábola del samaritano? (Vea el dibujo del principio).

Los cristianos verdaderos imitamos a Jesús, que nos mostró a la perfección hasta qué grado puede ser generoso un ser humano. Él mismo dijo: “El Hijo del hombre no vino para que se le ministrara, sino para ministrar y para dar su alma en rescate en cambio por muchos” (Mat. 20:28). Por tanto, el apóstol Pablo dijo a los cristianos: “Mantengan en ustedes esta actitud mental que también hubo en Cristo Jesús”, quien “se despojó a sí mismo y tomó la forma de un esclavo” (Filip. 2:5, 7). Así que hacemos bien en preguntarnos: “¿Puedo seguir el ejemplo de Jesús aún mejor de lo que lo estoy haciendo?” (lea 1 Pedro 2:21).

Podemos tener la aprobación de Jehová si copiamos el ejemplo perfecto que él y su Hijo nos han dado. Para ello, debemos interesarnos por el bienestar de los demás y buscar maneras de ayudarlos en lo que necesiten. En la parábola del buen samaritano, Jesús dejó claro que él espera que sus discípulos hagamos todo lo que esté en nuestra mano por los demás, sin importar sus antecedentes (lea Lucas 10:29-37). Recordemos que Jesús dio esta parábola porque un judío le preguntó: “¿Quién, verdaderamente, es mi prójimo?”. Su respuesta indica que debemos estar dispuestos a ser generosos como el samaritano para tener el favor de Dios.

¿Qué relación hay entre la generosidad y la cuestión que planteó Satanás en Edén?

Los cristianos tenemos motivos de sobra para ser generosos. Uno es que la generosidad está relacionada con la cuestión que planteó Satanás en el jardín de Edén. ¿Por qué decimos esto? Él afirmó que a Adán y Eva, y por extensión a toda la humanidad, les iría mejor si se centraban en sí mismos y anteponían sus intereses a la obediencia a Dios. Adán y Eva fueron egoístas. Ella quiso ser como Dios, mientras que él prefirió agradar a su esposa en vez de a Jehová (Gén. 3:4-6). Las consecuencias saltan a la vista. El egoísmo no nos hace más felices, sino todo lo contrario. Si somos generosos, demostramos que estamos convencidos de que la mejor manera de hacer las cosas es la que nos enseña Jehová.

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