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Examinando las Escrituras diariamente 2020

Sábado 15 de agosto del 2020

Compra la verdad (Prov. 23:23).

Todos debemos invertir tiempo para comprar la verdad. Se requiere tiempo para escuchar el mensaje del Reino, leer la Biblia y las publicaciones bíblicas, tener un estudio personal, prepararse para las reuniones y asistir a ellas. Ese tiempo tenemos que sacarlo de actividades menos importantes (Efes. 5:15, 16). ¿Cuánto tiempo lleva aprender las enseñanzas básicas de la Biblia? Depende de las circunstancias de cada uno. Pero no existe límite a lo que podemos aprender sobre la sabiduría, la personalidad y las obras de Jehová (Rom. 11:33). El primer número de La Atalaya en inglés comparó la verdad a “una pequeña flor” y aconsejó: “No se conforme con una sola flor de la verdad. Si fuera suficiente con una, Dios no habría proporcionado tantas. Siga recogiendo; siga buscando”. Incluso cuando vivamos para siempre, podremos seguir aprendiendo más y más de Jehová. Hoy, lo importante es que usemos bien nuestro tiempo a fin de comprar todas las verdades que podamos. w18.11 4 párr. 7.

¿Cómo cambia nuestra forma de ver las cosas materiales cuando compramos la verdad? y ¿A qué renunció una joven, y cómo se siente por ello?

Cosas materiales. A fin de comprar la verdad, quizás tengamos que renunciar a un trabajo o profesión que nos reporta mucho dinero. Pensemos en Pedro y Andrés, que se dedicaban al negocio de la pesca. Cuando Jesús los invitó a hacerse “pescadores de hombres”, dejaron las redes y se fueron con él (Mat. 4:18-20). Como es natural, esto no significa que todos los que aprenden la verdad tienen que dejar su trabajo, pues necesitan ganarse la vida y cuidar de su familia (1 Tim. 5:8). Sin embargo, es posible que tengan que cambiar sus prioridades y su actitud hacia las cosas materiales. Jesús dejó esto claro cuando nos dijo que dejemos de acumular “tesoros sobre la tierra” y que acumulemos “tesoros en el cielo” (Mat. 6:19, 20). Veamos el caso de cierta joven.

María comenzó a jugar golf antes de tener edad para ir a la escuela. En la secundaria, llegó a ser tan buena que le concedieron una beca para ir a la universidad. El golf lo era todo para ella, y tenía la meta de llegar a ser una jugadora profesional y ganar mucho dinero. Entonces, comenzó a estudiar la Biblia. Le encantaban las verdades que aprendía y los cambios que la verdad la ayudaba a hacer. Dijo: “Mientras más adaptaba mi actitud y mi modo de vida a las normas bíblicas, más feliz me sentía”. Comprendió que sería muy difícil conseguir al mismo tiempo riquezas espirituales y materiales (Mat. 6:24). Así que estuvo dispuesta a renunciar a su sueño de ser una golfista profesional rica y famosa. Ahora es precursora y tiene, como dice ella, “la vida más feliz y completa que puede haber”

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