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TEXTO DIARIO, De hoy Martes 23 de noviembre del 2021

Examinemos las Escrituras todos los días 2021

Martes 23 de noviembre del 2021

El corazón es más traicionero que cualquier otra cosa (Jer. 17:9).

Jacob amaba a todos sus hijos, pero sentía un cariño especial por José, de 17 años. ¿Cómo reaccionaron el resto de sus hijos? Tuvieron envidia de José y como consecuencia lo odiaron. Lo vendieron como esclavo y le dijeron a su padre que un animal salvaje había matado a su hijo predilecto. La envidia resultó en que quebrantaran la paz familiar y le rompieran el corazón a su padre (Gén. 37:3, 4, 27-34). La envidia aparece entre las peligrosas “obras de la carne”, que pueden impedir que una persona herede el Reino de Dios (Gál. 5:19-21). Por regla general, este sentimiento perjudicial es la raíz de las enemistades, las peleas y los arrebatos de ira. El caso de los hermanos de José muestra el daño que la envidia causa en las relaciones y cómo altera la paz de una familia. Aunque nosotros nunca nos comportaríamos como los hermanos de José, no debemos olvidar que todos tenemos un corazón imperfecto y traicionero. Así que con razón algunas veces sentimos envidia. w20.02 14 párrs. 1-3

¿Qué puede ayudarnos a combatir la envidia?

Podemos combatir la envidia siendo humildes y estando satisfechos con lo que tenemos. Así no le dejaremos lugar en el corazón donde pueda crecer. Si somos humildes, no tendremos un concepto muy elevado de nosotros mismos y no pensaremos que merecemos más que los demás (Gál. 6:3, 4). Quien se siente conforme con lo que tiene está contento y no se compara con otros (1 Tim. 6:7, 8). El que es humilde y se siente satisfecho se alegra por la persona que recibe algo bueno.

Según Gálatas 5:16 y Filipenses 2:3, 4, ¿Qué nos ayudará a hacer el espíritu santo?

Necesitamos el espíritu santo de Jehová para no desarrollar este sentimiento perjudicial y, por el contrario, ser humildes y sentirnos satisfechos (lea Gálatas 5:16; Filipenses 2:3, 4). El espíritu de Dios nos ayuda a examinar nuestros pensamientos más íntimos y nuestros motivos. Con la ayuda divina, podemos sustituir los pensamientos y sentimientos perjudiciales por otros edificantes (Sal. 26:2; 51:10). Analicemos los ejemplos de Moisés y Pablo, quienes lograron vencer la inclinación hacia la envidia.

¿Qué situación puso a prueba a Moisés? (Vea el dibujo de la portada).

Moisés tenía mucha autoridad sobre el pueblo de Dios, pero no consideró que era el único que debía tener ese privilegio. Por ejemplo, en una ocasión, Jehová le quitó parte de su espíritu y se lo dio a un grupo de ancianos israelitas que estaban cerca de la tienda de reunión. Poco después, Moisés se enteró de que dos ancianos que no habían ido a la tienda de reunión también habían recibido el espíritu santo y habían comenzado a portarse como profetas. ¿Cómo reaccionó cuando Josué le pidió que los detuviera? No sintió envidia de que Jehová se hubiera fijado en estos dos hombres, sino que se alegró de que hubieran recibido el honor de profetizar (Núm. 11:24-29). ¿Qué aprendemos de Moisés?

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