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TEXTO DIARIO, De hoy Martes 31 de agosto del 2021

Examinemos las Escrituras todos los días 2021

Martes 31 de agosto del 2021

Los he llamado amigos (Juan 15:15).

Los buenos amigos nos ayudarán a ser leales a Jehová. Y la mejor manera de hacer amigos es siéndolo nosotros (Mat. 7:12). Por ejemplo, la Biblia nos dice que nos gastemos por los demás, en especial por los que pasan necesidad (Efes. 4:28). Si nos centramos en ayudar a los demás, es más probable que nos sintamos felices (Hech. 20:35). Los amigos que hagamos nos apoyarán cuando afrontemos dificultades y nos ayudarán a conservar la paz. Igual que Elihú escuchó a Job desahogarse, nuestros amigos nos escucharán con paciencia cuando les contemos nuestras preocupaciones (Job 32:4). Claro, no debemos esperar que ellos tomen decisiones por nosotros, pero seremos prudentes si escuchamos los consejos bíblicos que nos den (Prov. 15:22). Y, cuando pasemos por momentos de necesidad, seamos como el rey David, que no permitió que el orgullo le impidiera aceptar la ayuda de sus amigos (2 Sam. 17:27-29). Sin lugar a dudas, esta clase de amigos son un regalo de Jehová (Sant. 1:17). w19.04 11 párr. 12; 12 párrs. 14, 15

De acuerdo con lo que dice Juan 8:29, ¿por qué otro motivo sintió Jesús paz interior?

(Lea Juan 8:29). Jesús sintió paz interior incluso cuando lo persiguieron. ¿Por qué? Porque sabía que estaba haciendo feliz a su Padre. Fue obediente hasta en las circunstancias más difíciles. Como amaba a Jehová, toda su vida estaba centrada en servirle. Antes de venir a la Tierra, fue el “obrero maestro” de Dios (Prov. 8:30). Y, cuando vino, enseñó con entusiasmo la verdad sobre su Padre (Mat. 6:9; Juan 5:17). Esta obra lo hizo muy feliz (Juan 4:34-36).

¿Cómo nos ayuda a conservar la paz interior estar ocupados en la predicación?

Imitamos a Jesús obedeciendo a Jehová y “siempre teniendo mucho que hacer en la obra del Señor” (1 Cor. 15:58). El cristiano que está “intensamente ocupado” en la predicación ve sus problemas con otros ojos (Hech. 18:5). Un motivo es que las personas a las que predicamos suelen tener vidas más complicadas que las nuestras. Pero, cuando llegan a amar a Jehová y aprenden a hacer lo que dice, su vida mejora y son más felices. Cada vez que eso sucede, crece nuestra confianza en que Dios nos cuidará. Y esa convicción nos ayuda a conservar la paz interior. Ese es el caso de una hermana que lleva toda la vida luchando contra la depresión y profundos sentimientos de inutilidad. Ella cuenta: “Estar ocupada en la predicación me da estabilidad emocional y hace que me sienta feliz. Creo que se debe a que es entonces cuando más cerca me siento de Jehová”.

¿Qué aprendemos de lo que cuenta Brenda?

Veamos también el ejemplo de una hermana llamada Brenda. Tanto ella como su hija tienen una grave enfermedad llamada esclerosis múltiple. Brenda está en silla de ruedas y tiene pocas energías. Siempre que puede, predica de casa en casa, pero por lo general lo hace por carta. Cuenta: “Una vez que comprendí que en este sistema no me iba a curar y lo asimilé emocionalmente, fui capaz de concentrarme en el ministerio. De hecho, la predicación me hace olvidarme de mis preocupaciones. Me obliga a concentrarme en ayudar a las personas con las que hablo en el territorio de la congregación. Y me recuerda constantemente la esperanza que tengo”.

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