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Examinando las Escrituras diariamente 2020

Miércoles 21 de octubre del 2020

Mantengan en ustedes esta actitud mental que también hubo en Cristo Jesús, quien se despojó a sí mismo y tomó la forma de un esclavo (Filip. 2:5, 7).

Los cristianos verdaderos imitamos a Jesús, que nos mostró a la perfección hasta qué grado puede ser generoso un ser humano (Mat. 20:28). Así que hacemos bien en preguntarnos: “¿Puedo seguir el ejemplo de Jesús aún mejor de lo que lo estoy haciendo?” (1 Ped. 2:21). Podemos tener la aprobación de Jehová si copiamos el ejemplo perfecto que él y su Hijo nos han dado. Para ello, debemos interesarnos por el bienestar de los demás y buscar maneras de ayudarlos en lo que necesiten. En la parábola del buen samaritano, Jesús dejó claro que él espera que sus discípulos hagamos todo lo que esté en nuestra mano por los demás, sin importar sus antecedentes (Luc. 10:29-37). Recordemos que Jesús dio esta parábola porque un judío le preguntó: “¿Quién, verdaderamente, es mi prójimo?”. Su respuesta indica que debemos estar dispuestos a ser generosos como el samaritano para tener el favor de Dios. w18.08 19 párrs. 5, 6.

CÓMO CUMPLIR CON LA TAREA QUE DIOS NOS HA ENCOMENDADO

¿Qué relación hay entre la generosidad y la cuestión que planteó Satanás en Edén?

Los cristianos tenemos motivos de sobra para ser generosos. Uno es que la generosidad está relacionada con la cuestión que planteó Satanás en el jardín de Edén. ¿Por qué decimos esto? Él afirmó que a Adán y Eva, y por extensión a toda la humanidad, les iría mejor si se centraban en sí mismos y anteponían sus intereses a la obediencia a Dios. Adán y Eva fueron egoístas. Ella quiso ser como Dios, mientras que él prefirió agradar a su esposa en vez de a Jehová (Gén. 3:4-6). Las consecuencias saltan a la vista. El egoísmo no nos hace más felices, sino todo lo contrario. Si somos generosos, demostramos que estamos convencidos de que la mejor manera de hacer las cosas es la que nos enseña Jehová.

¿Por qué deberían haber pensado en otros Adán y Eva?

Aunque Adán y Eva estaban solos en el jardín de Edén, las instrucciones que Jehová les dio deberían haberlos hecho pensar en el bienestar de otros. Dios los bendijo y les dijo que se multiplicaran, llenaran la Tierra y la dominaran (Gén. 1:28). Así como el Creador se interesa mucho en su creación, ellos deberían haberse interesado en la felicidad de sus descendientes. Para que todos ellos disfrutaran del paraíso, tenían que extenderlo por el entero planeta. Ese inmenso proyecto requeriría la colaboración de toda la familia.

¿Por qué hubiera hecho felices a los seres humanos extender el paraíso?

Extender el paraíso hubiera implicado que los seres humanos perfectos colaborarán estrechamente con el propósito de Jehová, y así entrarían en su descanso (Heb. 4:11). Solo podemos imaginar lo felices que se hubieran sentido. Además, Jehová los habría bendecido mucho por ser generosos e interesarse en los demás.

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