TEXTO DIARIO, De hoy Sábado 11 de junio del 2022

Examinemos las Escrituras todos los días 2022
Sábado 11 de junio del 2022
El que demuestre fe en mí hará obras más grandes (Juan 14:12).
En nuestros días, debemos estar muy centrados en predicar las buenas noticias del Reino. Jesús predijo que esta obra se extendería y continuaría mucho después de su muerte. Tras su resurrección, Jesús usó su poder para que algunos de sus discípulos atraparan una gran cantidad de peces. Aprovechó esa ocasión para dejarles claro que pescar hombres era más importante que cualquier otra labor (Juan 21:15-17). Justo antes de volver al cielo, les dijo a sus discípulos que la predicación que él había comenzado se llevaría a cabo más allá de las fronteras de Israel (Hech. 1:6-8). Años más tarde, le mostró al apóstol Juan en una visión lo que ocurriría “en el día del Señor”. En ella, Juan vio algo impresionante: que bajo la guía de los ángeles se anunciaban “buenas noticias eternas […] a toda nación, tribu, lengua y pueblo” (Apoc. 1:10; 14:6). Está claro que Jehová quiere que participemos hasta el final en esta monumental obra de predicar. w20.09 9 párr. 5
¿Qué nos enseña el ejemplo del agricultor mencionado en Santiago 5:7, 8?
(Lea Santiago 5:7, 8). El ejemplo del agricultor nos enseña a ser pacientes. Es verdad que algunas plantas crecen rápido, pero a la mayoría les lleva más tiempo madurar, sobre todo a las que dan fruto. En Israel, la temporada de cultivo duraba unos seis meses: el agricultor sembraba las semillas después de las primeras lluvias, a mediados de octubre, y recogía la cosecha después de las últimas lluvias, a mediados de abril (Mar. 4:28). Si somos sabios, seguiremos el ejemplo de paciencia del agricultor. Ahora bien, puede que esto no sea fácil.
¿Cómo nos ayudará la paciencia en el ministerio?
Por nuestra imperfección, los seres humanos queremos ver de inmediato los frutos de nuestro esfuerzo. Pero, si alguien tiene un huerto y quiere que dé fruto, debe darle atención constante: tiene que cavar, plantar, deshierbar y regar. Lo mismo pasa con la obra de hacer discípulos. Tenemos que dedicar tiempo a desarraigar el prejuicio y la indiferencia del corazón de nuestros estudiantes. Cuando la gente nos rechaza, la paciencia nos ayudará a no desanimarnos. Pero también hay que ser pacientes cuando las personas responden bien, pues no podemos forzar el crecimiento de la fe del estudiante. A veces, hasta a los discípulos de Jesús les tomó tiempo entender el significado de lo que él enseñó (Juan 14:9). Recordemos que nosotros podemos plantar y regar, pero Dios lo hace crecer (1 Cor. 3:6).
¿Cómo demostramos paciencia cuando les predicamos a nuestros familiares?
Un campo en el que se nos puede hacer difícil ser pacientes es cuando les predicamos a nuestros familiares. En Eclesiastés 3:1, 7, encontramos un principio que nos puede ayudar. Allí dice: “Hay […] un tiempo para quedarse callado y un tiempo para hablar”. Aunque con nuestra buena conducta damos testimonio, siempre estamos pendientes de cualquier oportunidad para hablar de la verdad (1 Ped. 3:1, 2). Predicamos y enseñamos con entusiasmo, pero somos pacientes con todo el mundo, incluida nuestra familia.
¿Cuáles son algunos ejemplos de paciencia que podemos imitar?
Hallamos buenos ejemplos de paciencia en los siervos fieles del pasado y de nuestros días. Habacuc deseaba ver el fin de la maldad, pero dijo con confianza: “Me mantendré de pie en mi puesto de guardia” (Hab. 2:1). El apóstol Pablo dijo que deseaba de corazón terminar su ministerio. Aun así, con paciencia siguió dando “un testimonio completo de las buenas noticias” (Hech. 20:24).
Veamos el ejemplo de un matrimonio que se graduó de la Escuela de Galaad y fue a servir a un país donde hay pocos Testigos y donde la religión mayoritaria no es cristiana. Encontraron a pocas personas que quisieran estudiar la Biblia. En cambio, sus compañeros de clase que estaban en otros países les enviaban noticias emocionantes de todas las personas a las que ayudaban a bautizarse. Aunque la obra avanzaba a paso lento, el matrimonio seguía predicando con paciencia. Después de ocho años de predicar sin ningún resultado aparente, por fin tuvieron la alegría de que uno de sus estudiantes se hiciera Testigo. ¿Qué tienen en común estos ejemplos del pasado y de nuestros días? Que no se hicieron perezosos ni dejaron descansar sus manos, y Jehová los bendijo por su paciencia. Así pues, imitemos “a los que por su fe y paciencia heredan las promesas” (Heb. 6:10-12).
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