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Examinando las Escrituras diariamente 2020

Sábado 19 de septiembre del 2020

Dios procedió a crear al hombre a su imagen (Gén. 1:27).

Aunque Adán y Eva estaban solos en el jardín de Edén, las instrucciones que Jehová les dio deberían haberlos hecho pensar en el bienestar de otros. Dios los bendijo y les dijo que se multiplicaran, llenaran la Tierra y la dominaran (Gén. 1:28). Así como el Creador se interesa mucho en su creación, ellos deberían haberse interesado en la felicidad de sus descendientes. Para que todos ellos disfrutaran del paraíso, tenían que extenderlo por el entero planeta. Ese inmenso proyecto requeriría la colaboración de toda la familia. Extender el paraíso hubiera implicado que los seres humanos perfectos colaboraran estrechamente con el propósito de Jehová, y así entrarían en su descanso (Heb. 4:11). Solo podemos imaginar lo felices que se hubieran sentido. Además, Jehová los habría bendecido mucho por ser generosos e interesarse en los demás. w18.08 18 párr. 2; 19, 20 párrs. 8, 9.

¿Qué podemos hacer para ser generosos y cumplir con la misión de predicar y hacer discípulos?

Hoy día, Jehová ha encomendado a sus siervos una misión: predicar y hacer discípulos. Para cumplirla, debemos tener un interés sincero en el bienestar de los demás. Lograremos perseverar solo si tenemos la motivación apropiada, que es el amor a Dios y al prójimo.

En el siglo primero, el apóstol Pablo dijo que él y otros cristianos eran “colaboradores de Dios” porque plantaban y regaban la semilla de la verdad del Reino (1 Cor. 3:6, 9). Nosotros también podemos ser hoy “colaboradores de Dios”. ¿Cómo? Dando con generosidad de nuestro tiempo, recursos y energías para llevar a cabo la misión que Dios nos ha confiado. ¡Qué extraordinario privilegio!.

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