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TEXTO DIARIO, De hoy Sábado 20 de marzo del 2021.

 

Examinemos las Escrituras todos los días 2021

Sábado 20 de marzo del 2021

Agarren el escudo grande de la fe (Efes. 6:16).

Igual que un escudo grande protege la mayor parte del cuerpo, la fe nos protege de las cosas malas de este mundo, como la inmoralidad, la violencia o cualquier otra cosa que no esté de acuerdo con las normas de Dios. Los cristianos tenemos que luchar contra los espíritus malvados (Efes. 6:10-12). ¿Cómo nos aseguramos de estar preparados para afrontar las pruebas? Primero, pidiéndole ayuda a Dios. Luego, tenemos que acudir a su Palabra a fin de vernos como él nos ve (Heb. 4:12). La Biblia dice: “Confía en Jehová con todo tu corazón y no te apoyes en tu propio entendimiento” (Prov. 3:5, 6). Con esta idea presente, ¿por qué no analizamos algunas de nuestras últimas decisiones? Por ejemplo, si tuvimos un problema económico grave, ¿nos acordamos de la promesa de Jehová de Hebreos 13:5? Allí dice: “Nunca te dejaré y jamás te abandonaré”. ¿Nos hizo confiar esta promesa en que Jehová nos ayudaría? Si así fue, entonces nuestro escudo de la fe está en buen estado. w19.11 14 párrs. 1, 4.

EXAMINEMOS NUESTRO ESCUDO CON ATENCIÓN

Según Efesios 6:16, ¿por qué necesitamos el “escudo grande de la fe”? y ¿Qué preguntas vamos a analizar?

¿TENEMOS un “escudo grande de la fe”? (Lea Efesios 6:16). Seguro que sí. Igual que un escudo grande protege la mayor parte del cuerpo, la fe nos protege de las cosas malas de este mundo, como la inmoralidad, la violencia o cualquier otra cosa que no esté de acuerdo con las normas de Dios.

No obstante, vivimos en “los últimos días”, y nuestra fe va a seguir pasando por muchas pruebas (2 Tim. 3:1). Por tanto, ¿cómo podemos saber si nuestro escudo de la fe está fuerte? Y ¿qué debemos hacer para llevarlo agarrado con fuerza?.

¿Cómo cuidaban los soldados su escudo, y por qué?

Los escudos de tiempos bíblicos estaban cubiertos de cuero. Los soldados los engrasaban para conservar el cuero y para que las partes metálicas no se oxidaran. Si un soldado se daba cuenta de que su escudo estaba dañado, se aseguraba de repararlo, y así estaba listo para la siguiente batalla. ¿Qué tiene que ver esto con nuestra fe?

¿Por qué debemos examinar nuestro escudo de la fe? y ¿Cómo debemos hacerlo?

Como hacían los soldados de la antigüedad, debemos examinar con frecuencia nuestro escudo de la fe y mantenerlo en buen estado. Nadie puede hacerlo por nosotros. Así siempre estaremos listos para la batalla, pues los cristianos tenemos que luchar contra los espíritus malvados (Efes. 6:10-12). ¿Cómo nos aseguramos de estar preparados para afrontar las pruebas? Primero, pidiéndole ayuda a Dios. Luego, tenemos que acudir a su Palabra a fin de vernos como él nos ve (Heb. 4:12). La Biblia dice: “Confía en Jehová con todo tu corazón y no te apoyes en tu propio entendimiento” (Prov. 3:5, 6). Con esta idea presente, ¿por qué no analizamos algunas de nuestras últimas decisiones? Por ejemplo, si tuvimos un problema económico grave, ¿nos acordamos de la promesa de Jehová de Hebreos 13:5? Allí dice: “Nunca te dejaré y jamás te abandonaré”. ¿Nos hizo confiar esta promesa en que Jehová nos ayudaría? Si así fue, entonces nuestro escudo de la fe está en buen estado.

¿Qué puede revelarnos el examen de nuestra fe?

El resultado del examen de nuestra fe puede sorprendernos. Tal vez descubramos algunas debilidades que no sabíamos que teníamos. Por ejemplo, quizás nos demos cuenta de que las preocupaciones excesivas, las mentiras o el desánimo han dañado nuestra fe. Si ese es el caso, ¿qué podemos hacer para evitar daños mayores?

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