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TEXTO DIARIO, De hoy Viernes 26 de febrero del 2021.

Examinemos las Escrituras todos los días 2021

Viernes 26 de febrero del 2021

Sigamos buscando las cosas que fomentan la paz y las cosas que nos edifican unos a otros (Rom. 14:19).

La paz no puede sobrevivir donde se permite que anide la envidia. Tenemos que arrancar ese sentimiento dañino de nuestro corazón y no engendrarlo en el de los demás. ¿Qué podemos hacer concretamente para ayudar a los demás a luchar contra la envidia, y cómo podemos fomentar la paz? Nuestra actitud y nuestras acciones tienen una enorme influencia en los demás. El mundo quiere que hagamos “ostentación de las cosas” que tenemos (1 Juan 2:16). Pero eso provoca envidia. ¿Cómo evitaremos despertarla en los demás? Una manera es no hablando en todo momento de lo que tenemos o de lo que pensamos comprar. Otra es siendo modestos y no presumiendo de las responsabilidades que tenemos en la congregación. Hablar constantemente de ellas prepara el terreno para la envidia. En cambio, cuando nos interesamos en los demás y reconocemos las cosas buenas que hacen, los ayudamos a sentirse satisfechos y fomentamos la paz y la unidad en la congregación. w20.02 18 párrs. 15, 16.




“SIGAMOS BUSCANDO LAS COSAS QUE FOMENTAN LA PAZ”

¿Por qué podría haberse sentido tentado Pablo a envidiar a los 12 apóstoles?

El apóstol Pablo es otro buen ejemplo, pues era humilde y estaba conforme con lo que tenía. No permitió que la envidia anidara en su corazón. Se esforzó mucho en el ministerio, pero dijo con humildad: “Soy el menor de los apóstoles, y no merezco ser llamado apóstol” (1 Cor. 15:9, 10). Los 12 apóstoles estuvieron con Jesús durante su ministerio en la Tierra, mientras que Pablo se hizo cristiano después de la muerte y la resurrección de Jesús. Aunque con el tiempo se le nombró “apóstol a las naciones”, no tuvo el honor de ser uno de los 12 apóstoles (Rom. 11:13; Hech. 1:21-26). Sin embargo, se sintió contento con lo que tenía y no envidió a aquellos 12 hombres y la estrecha relación que habían mantenido con Jesús.

¿Qué haremos si somos humildes y nos sentimos satisfechos?

Si somos humildes y nos sentimos satisfechos, seremos como Pablo y respetaremos la autoridad que Jehová ha dado a otros hermanos (Hech. 21:20-26). Él ha nombrado ancianos para que dirijan a la congregación cristiana. A pesar de sus imperfecciones, Jehová los considera “regalos” (Efes. 4:8, 11). Cuando los respetamos y seguimos con humildad su dirección, somos amigos de Jehová y tenemos paz con nuestros hermanos.

¿Qué lograron hacer los hermanos de José, y por qué?

Podemos ganar la batalla contra la envidia. Volvamos al caso de los hermanos de José. Años después de lo que le hicieron a su hermano, se encontraron con él en Egipto. Sin embargo, José no les reveló de inmediato quién era, sino que los puso a prueba para ver si habían cambiado. Organizó una comida para todos ellos, pero ordenó que le dieran a Benjamín, su hermano menor, raciones mayores que a los demás (Gén. 43:33, 34). No obstante, no hay ninguna prueba de que sus hermanos sintieran envidia. Al contrario, mostraron auténtico interés en Benjamín y en su padre, Jacob (Gén. 44:30-34). Los hermanos de José vencieron la envidia, y por eso lograron que la paz volviera a reinar en la familia (Gén. 45:4, 15). Del mismo modo, si arrancamos de raíz cualquier inclinación hacia la envidia, contribuiremos a que haya paz en nuestra familia y en la congregación.

De acuerdo con Santiago 3:17, 18, ¿qué ocurrirá si contribuimos a que haya un ambiente pacífico?

Jehová desea que luchemos contra la envidia y fomentemos la paz. Para lograrlo, debemos esforzarnos mucho, pues, como hemos visto en este artículo, tenemos la tendencia a sentir envidia (Sant. 4:5). Además, vivimos en un mundo en el que se fomenta este sentimiento dañino. Pero, si cultivamos humildad y agradecimiento, y nos sentimos satisfechos con lo que tenemos, no dejaremos lugar para la envidia. Al contrario, contribuiremos a que haya un ambiente pacífico y cultivaremos las buenas cualidades que hemos analizado en este artículo (lea Santiago 3:17, 18).

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