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Examinando las Escrituras diariamente 2020

Miércoles 15 de julio del 2020

Su rostro resplandeció como el sol, y sus prendas de vestir exteriores se hicieron esplendorosas (Mat. 17:2).

Jesús les había pedido a Pedro, Santiago y Juan que lo acompañaran a una montaña alta. Allí tuvieron una visión extraordinaria. La cara de Jesús resplandeció y su ropa se volvió brillante. Dos figuras, que representaban a Moisés y a Elías, empezaron a hablar con Jesús sobre su muerte y resurrección (Luc. 9:29-32). Después, una nube brillante los cubrió, y de ella salió la voz de Dios. La visión fue un anticipo de la gloria y el poder que Jesús tendría cuando se convirtiera en rey del Reino de Dios. Seguro que animó y fortaleció a Cristo para los sufrimientos y la horrible muerte que padecería. Además, fortaleció la fe de los discípulos y les dio fuerzas para las pruebas de integridad y los años de ardua labor que tenían por delante. El apóstol Pedro hizo referencia a esta visión unos treinta años más tarde, lo que demuestra que la tenía muy fresca en la memoria (2 Ped. 1:16-18). w19.03 10 párrs. 7, 8

¿Cómo demostramos que escuchamos a Jesús?

Jesús dijo: “Todo el que está de parte de la verdad escucha mi voz” (Juan 18:37). Demostramos que escuchamos su voz cuando seguimos este consejo: “Continúen soportándose unos a otros y perdonándose liberalmente unos a otros” (Col. 3:13; Luc. 17:3, 4). También lo demostramos cuando predicamos nuestro mensaje con entusiasmo en tiempos buenos y en tiempos difíciles (2 Tim. 4:2).

Jesús dijo asimismo que sus ovejas escuchan su voz (Juan 10:27). Demostramos que lo escuchamos no solo prestando atención a sus palabras, sino obedeciéndolas. No nos dejamos distraer por “las inquietudes de la vida” (Luc. 21:34). Más bien, consideramos una prioridad obedecer los mandatos de Jesús, incluso cuando afrontamos circunstancias difíciles. Muchos hermanos están soportando problemas muy graves, como ataques de opositores, pobreza extrema y desastres naturales. Pero siguen fieles a Jehová pase lo que pase. Jesús les garantiza a todos ellos: “El que tiene mis mandamientos y los observa, ese es el que me ama. A su vez, el que me ama será amado por mi Padre” (Juan 14:21).

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